Una colección de datos curiosos sobre la capital argentina...
La plazoleta Coronel Olazábal, Paseo Colón entre Independencia y Estados Unidos, donde está el monumento Canto al Trabajo, fue rebautizada Eva Perón en 2006. Sin embargo ya existía la plaza Evita desde 1997, cuando se le cambió el nombre a la plaza Rubén Darío, en avenida Del Libertador entre Austria y Agüero. A su vez, la plaza contigua, hasta entonces General Urquiza, recibió el nombre del poeta nicaragüense.
En febrero de 1860 se prohibió verter al Riachuelo la salmuera y la sangre de los animales que se faenaban en los saladeros, para no agravar el nivel de contaminación que ya presentaba entonces ese curso de agua.
En 1811 Buenos Aires tuvo su primer monumento: la Pirámide de Mayo, construida por el alarife Francisco Cañete. Tenía casi quince metros de alto, comprendía un pedestal y la pirámide propiamente dicha, coronada por una bola. Estaba rodeada originalmente por una verja de 1,90 metros de altura.
En Defensa 821, en un local diminuto cuyo horno a leña funciona desde 1932, se encuentra la pizzería Pirillo. En los años cincuenta, para atraer comensales, José Vizzari, alias Pirillo, colocaba en una pizarra los resultados de los partidos de fútbol. Hoy sigue siendo una tradición comer allí una porción de pizza “de parado”, acompañada con un vaso de vino moscato.
Hacia 1855, el hielo que consumía la ciudad en la fabricación de cremas heladas y sorbetes, llegaba desde los Estados Unidos. Se transportaba en el fondo de las bodegas de los barcos en forma de barras, envueltas en paja. Los porteños consumían hielo desde 1829, cuando un italiano de apellido Caprile lo trajo desde los Alpes en tres naves de su propiedad.
En 1810 Buenos Aires tuvo su primera temporada de óperas. Se ofreció en el antiguo teatro Coliseo y fue interpretada por el tenor Pietro Angelelli y la soprano Carolina Grifoni, ambos italianos.
En 1853 se decidió adoquinar buena parte de las calles de la ciudad, y tapar así los residuos diseminados por doquier. La solución empeoró el problema: el empedrado se deterioró en poco tiempo por la inestabilidad de la base, además de que, durante el verano, el recalentamiento de las piedras aceleraba la fermentación de la basura sepultada.
En 1810 Buenos Aires tuvo su primera Escuela de Matemáticas. Su fundador fue Manuel Belgrano y su director, Felipe Sentenach. Contaba con cursos de matemáticas elemental y superior. El reglamento, escrito por el propio Belgrano, reservaba buena parte de las vacantes para aborígenes y huérfanos. El establecimiento cerró en 1812, cuando Sentenach fue ultimado por su participación en el alzamiento de Martín de Álzaga.
En el frente de la escuela Guillermo Rawson, Humberto 1º 343, crecen unos magnolios desde hace doscientos años, declarados históricos en 1969. Son testigos del lugar donde funcionaron además el Protomedicato y el antiguo Hospital de Hombres.
En 1852, ante la enorme y creciente cantidad de animales muertos diseminados por la ciudad, el gobierno municipal ordenó sanear la ribera. Durante el operativo de limpieza se levantaron doscientas treinta y seis osamentas.
En 1810 Buenos Aires tuvo sus primeros bibliotecarios. El 7 de septiembre la Primera Junta creó la Biblioteca Pública, hoy Biblioteca Nacional, y designó a fray Cayetano Rodríguez y a Saturnino Segurola. Su acervo inicial se conformó con el legado del obispo de Buenos Aires, Manuel Azamor y Ramírez, y con los libros de los jesuitas que se conservaban en el Colegio de San Carlos, hoy Colegio Nacional de Buenos Aires.
A pesar del nombre del templo (San Pedro González Telmo) desde que se creó en 1806, Pedro González no es un santo sino un beato español del siglo XII. El agregado Telmo responde a una confusión con el patrono de los navegantes napolitanos, San Telmo, mártir del siglo III.
Hacia mediados del siglo XIX, las embarcaciones debían esperar a veces días enteros, hasta la crecida del río, para poder cruzar un banco de arena que atravesaba la entrada del Riachuelo. Ese escollo, conocido como Barra del Riachuelo, desapareció tras la canalización del puerto de La Boca en 1883.
En 1810 Buenos Aires tuvo su primer prefecto, Martín Thompson, el marido de Mariquita Sánchez. El 30 de junio Mariano Moreno lo designó capitán del Puerto de Buenos Aires. Thompson, partidario decidido de la revolución, dictó como prefecto diversas medidas y disposiciones vinculadas con la construcción de buques y el balizamiento del puerto de Ensenada.
El ex edificio del Ministerio de Obras Públicas es el único numerado sobre la avenida 9 de julio, y lleva el Nº 1925. ¿Por qué, si las calles se numeran a partir de Rivadavia, le corresponde ese? Porque 9 de julio no cambia de nombre cuando cruza Rivadavia, y por eso la numeración parte de la avenida Del Libertador.
La famosa casa de Juan Manuel de Rosas, inaugurada en 1838 en el barrio de Palermo, se llamaba Palermo de San Benito. A la inversa, San Benito de Palermo era una estancia del Restaurador al sur del Río Salado, en la provincia de Buenos Aires.
En 1809 Buenos Aires conoció la primera ruleta. El virrey Baltasar de Cisneros otorgó el permiso de explotación de la Rueda de la Fortuna al vecino Cabrimonte Núñez, en virtud de la incapacidad que había adquirido como combatiente durante las invasiones inglesas.
El pasaje Roverano, Avenida de Mayo 560, fue construido en 1878. Cuando comenzaron a demoler edificios para abrir la avenida, en la década de 1880, el arquitecto Eduardo Gantner seccionó y remodeló el pasaje. A partir de 1913 fue la única construcción particular con entrada propia al subte: está conectado con la estación Perú de la línea A.
Los generales del ejército de Juan Manuel de Rosas calzaban botas de charol; los oficiales, botas de cuero; los sargentos usaban botines y los soldados marchaban descalzos.
En 1806 se produjo en Buenos Aires el primer foco de rabia canina. Fue a raíz del desembarco, junto con las tropas invasoras británicas, de perros infectados con el virus en África, desde donde habían partido las naves.
En el edificio de Chile 371 “vivía” Mafalda, el entrañable personaje de historietas creado por el dibujante Joaquín Lavado, más conocido como Quino. En diciembre de 2005, a instancias de diversos periodistas, se colocó en el lugar una placa que recuerda a tan ilustre vecina.
En mayo de 1836, el jefe de Policía, Bernardo Victorica, firmó un edicto que establecía que “todos aquellos individuos que fuesen oídos en la vía pública profiriendo palabras obscenas o descorteses serán destinados al servicio de las armas en los cuerpos de línea del Ejército por el término de cuatro años”.
En 1806 se practicó en Buenos Aires el primer deporte de origen británico. Durante la primera invasión inglesa los oficiales de Beresford jugaron cricket en la zona de Retiro. Debieron pasar algunos años, sin embargo, para que el juego fuese aceptado. Recién en 1831 se fundó el Buenos Aires Cricket Club.
La “Casa de los querubines”, Defensa 219, está bellamente ornamentada con pequeños ángeles. En esa vivienda, hoy sede del Museo de la Ciudad, pasó los años de su infancia y juventud la gran actriz Niní Marshall. La colección del museo se formó poco a poco a partir de objetos y materiales de las últimas manzanas demolidas para abrir la avenida 9 de julio en la década de 1970. Su enriquecimiento posterior con objetos y fotografías donados contribuye a resguardar la memoria porteña.
En 1834 el gobierno prohibió los velatorios nocturnos en casas particulares “por ser perjudiciales a la salud pública y a las buenas costumbres”.
En 1806 Buenos Aires conoció el primer caballo pura sangre. Lo trajo el comandante inglés William Carr Beresford durante la primera invasión inglesa. El animal, un malacara, fue cruzado con las mejores yeguas criollas tras la expulsión de los invasores.
En el solar que ocupa el Edificio Calmer, Belgrano 430, se encontraba la casa donde nació Manuel Belgrano en 1770, y donde pasó sus últimos días, enfermo y en la ruina, cincuenta años después. Al médico que lo atendió hasta el final, el escocés Joseph Redhead, tuvo que pagarle con un reloj de bolsillo, que se exhibía en una vitrina del Museo Histórico Nacional, hasta que lo robaron en julio de 2007.
En la década de 1830 las bardas perimetrales del Cementerio del Norte, actual de la Recoleta, sirvieron como paredón para las ejecuciones ordenadas por el gobernador Juan Manuel de Rosas.
En 1805 Buenos Aires conoció la primera vacuna antivariólica. Fue introducida por el traficante de esclavos portugués Antonio Machado Carvalho. Los médicos García Valdez y Gaffarot la aplicaron por primera vez en cinco internos de la Casa de Niños Expósitos. Machado recibió del Cabildo una medalla de oro por su aporte.
La iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés, Belgrano 575, fue fundada en 1829. Su fachada se inauguró en 1896, pero tuvieron que rehacerla al ensancharse la avenida en 1949. Quedan tan pocos feligreses de este culto en Buenos Aires, que solo se celebran misas los sábados
Marinos brasileños tomados como prisioneros en la guerra contra su país entre 1826 y 1827, fueron utilizados como mano de obra barata para reparar la avenida Rivadavia, atravesada por grandes zanjones y pantanos.
En 1803 Buenos Aires tuvo su primer director de orquesta. Se trataba del español Blas Parera, quien diez años más tarde escribiría la música del Himno Nacional. Parera desempeñó su función en el teatro Coliseo hasta 1805, y luego se empleó en las casas de los vecinos ricos como profesor de piano, cello o canto.
En 1823 abrió su negocio Manuel Masculino, fabricante de peinetas y peinetones. Las porteñas competían en la complejidad de los calados, adornos y medidas de los peinetones, algunos de descomunales dimensiones. En 1834 Masculino confeccionó un peinetón de 1,5 metros, y dos años después comenzó a fabricarlos con imágenes del gobernador Juan Manuel de Rosas.
Continuará...