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 Libros sobre la realeza

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Persee
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   20/2/2012, 09:54

La promoción que de este libro ha hecho esta señora es indecente y produce verguenza ajean. Se llenó la boca diciendo que se jugaba el tipo publicando este libro, dijo que una vez publicado, la cadena con la que regularmente participa le había vetado y que dejaron de llamarla para hacer sus colaboraciones regulares, publicó en el twitter que la zarzuela había movido sus hilos, incluso compañeros de cadena de televisión se solidarizaron con ella y ella muy digna contestó que se lo agradecía mucho pero que no queria que por su culpa les pasara lo mismo que a ella.....y todo para que una semana despues, despues de publicitar con estas sucias artimañas, aparezca otra vez en la misma cadena, en los mismos programas que aparecía.... siguiendo con sus temas "reales"....como si nada hubiese pasado, eso si, siendo numero uno en ventas. Al parecer todo se redujo a que iba a presentra su libro en un programa, pero que al final la anularon porque en propias palabras del programa, ya había contando todo lo contable en el resto de programas y que había dejado de interesarles el tema, y se dedicaron a otros contenidos. Lo de esta mujer es asqueroso, vergonzoso y ponzoñoso.

P.D. sigo sin leerlo jajaj
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   21/2/2012, 00:34

¿en serio que volvió a aparecer en los mismos programas?

no lo puedo creer, con el despelote que armó diciendo que estaba censurada, etc etc etc...

decididamente no tiene vergüenza

y es una pena porque tiene una prosa entretenida, posibilidad de investigación y cabida en los medios...si se le diera por escribir seriamente podría hacer obras interesantes
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Persee
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   22/2/2012, 23:54

......y al final le tocó RECULAR a esta "señora" y desdecirse....admite que la casa real no la ha vetado, que se siente apoyada por la misma y es más....que ha tenido una gran acogida por parte de los medios de comunicación......Dios mio......uno ha de tragar saliva porque sino saldrían de mi boca sapos y culebras porque me supera....Así es la clase periodistica que tanto daño hace a las instituciones y a las personas.........Olé olé y olé señora Eyre geek geek geek geek geek geek geek geek geek

http://ecodiario.eleconomista.es/libros/noticias/3720018/02/12/Telecinco-levanta-al-veto-a-Pilar-Eyre-por-La-soledad-de-la-reina.html?utm_source=crosslink&utm_medium=flash
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   2/3/2012, 02:02

el 14 de marzo sale el libro Le destin d'une reine de Stéphane Bern [i], una biografía sobre Isabel II con motivo del jubileo, supongo...

por ahora, en francés pero no dudo que en breve se editará en inglés...

http://livre.fnac.com/a4012686/Stephane-Bern-Le-destin-d-une-reine

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Persee
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   2/3/2012, 16:15

Ese si que es de un buen periodista y gran conocedor de la realeza...es el que alguna vez llamasteis el Peñafiel Francés. No me pierdo ninguno de sus reportajes...seguro que es un gran libro
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   2/3/2012, 19:05

Persee escribió:
Ese si que es de un buen periodista y gran conocedor de la realeza...es el que alguna vez llamasteis el Peñafiel Francés. No me pierdo ninguno de sus reportajes...seguro que es un gran libro

siiii...me acuerdo que lo llamé así...

es un personaje muy simpático. Salvo su blog nunca pude leer nada de él ya que aquí no han llegado sus libros o por lo menos no los vi.

¿tiene editados en español?
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Persee
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   2/3/2012, 21:06

Pues buscando por la red no he encontrado nada así en primeras en español, así que no puedo decirte nada en concreto, al igual que su magníficos documentales que tampoco los he encontrado en español, solo los he podido ver en francés y es una pena porque vendrian la mar de bien para el foro.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   3/3/2012, 00:49

qué pena...me puedo animar a leer un artículo tanto en inglés como en francés pero no llego a leer un libro entero...y documental menos que menos...Los idiomas son una deuda grande en mi vida.

Puedo leer y me defiendo en un viaje pero tengo un toscano en la oreja a la hora de entenderlo oralmente
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   13/3/2012, 02:53

sigo con el capítulo 2


El padre de Nicolás, el gran duque Constantin, nada tiene de impresionante. Mucho menos alto que los demás grandes duques, es además completamente miope, hasta el punto que no puede prescindir de sus espejuelos. Su larga barba separada en dos mechones le da, de todos modos, cierta prestancia. Y, contrastando con su menuda apariencia, tiene una voz estentórea con la que se divierte sobresaltando a quienes se encuentran con él.

Los padres de Nicolás se habían casado por amor. A los diecinueve años, durante un viaje a Alemania, el gran duque Constantin había conocido a la princesa Alejandra de Sajonia Altenburg, que tenía entonces dieciséis años. «Será ella o ninguna otra», declaró, y sus padres se habían inclinado, y gozosos además.

Pero muy pronto su verdadera inclinación lo arrojó a la política. A los veinticinco años, durante la guerra de Crimea, mandaba a su padre Nicolás I cartas que éste consideraba como los informes más lúcidos, los más pertinentes sobre la situación. Luego, muerto ya su padre, se había convertido en el consejero más sincero, más directo, más escuchado de su hermano Alejandro II. Él le había alentado a detener enseguida, a cualquier precio, aquella guerra de Crimea que no conducía a nada. Él le había impulsado a emancipar a los siervos.Y, para dar el ejemplo, había empezado liberando a los que vivían en sus inmensos dominios.

A pesar de las distancias establecidas entre las generaciones, Constantin Nicolaievich es para con sus hijos mucho más un camarada que un censor. ¡Pero nunca está allí! En invierno, su mujer y él parten a menudo en un largo crucero para escapar de los rigores del clima petersburgués y no ha vacilado, en muchas oportunidades, en trastornar el programa de estudios de Nicolás para llevarlo con él, con el falaz pretexto de «acostumbrarlo al mar». Como habituación marítima, esos viajes son sólo una sucesión de estancias en las encantadoras villas de Sicilia, en los palacios napolitanos, en las islas de Grecia, en los hoteles de Jerusalén, de Beirut o de El Cairo.
Al viajar, el protocolo se aligera. Nicolás hace casi todas sus comidas con sus padres. Su madre le atrae y le estrecha contra sí como hace en casa, luego lo aparta cuando otro tema la ocupa o la distrae y, a fin de cuentas, él no la siente más presente. Es también una ocasión para oír a su padre expresándose con más libertad que de costumbre. Se indigna contra los politicuchos italianos, la corrupción egipcia, la inercia otomana. La política, siempre la política...
Lejos de Rusia, el gran duque Constantin aprovecha también para criticar al régimen. Denuncia con palabras apenas encubiertas el oscurantismo de los conservadores rusos, la ineficacia de la administración imperial, las absurdas crueldades de la policía secreta, la irresponsabilidad de las clases dirigentes. Reprocha a su hermano el emperador que sea demasiado conciliador y, sobre todo, demasiado tímido en sus reformas. Constantin no lo oculta, desea para Rusia un régimen parlamentario a la occidental. La gran duquesa no abre la boca pero su expresión horrorizada es para Nicolás bastante elocuente. Tampoco en eso se entienden sus padres.
A causa de este liberalismo, Alejandro II, indiferente a las opiniones conservadoras de sus ministros y sus parientes, envía a su hermano al caldero del imperio, Polonia, unida por aquel entonces a Rusia y siempre a punto de rebelarse. El nuevo virrey lleva con él a toda su familia. Viven en el castillo real de Varsovia, incómodo y antañón, con sus alineaciones de desagradables retratos de los antiguos reyes de Polonia.
El comienzo parece prometedor. Precedido por su reputación, el gran duque Constantin es bien recibido, pero Nicolás advierte que la multitud es más bien escasa tras las hileras de soldados rusos. Éstos en cambio son omnipresentes, de modo que el gran duque encierra al ejército de ocupación en los cuarteles para que sea menos visible. Numerosos son los nobles polacos que acuden a las invitaciones del virrey ruso, ¿pero son realmente sinceros en sus halagos? Constantin se ha apresurado a liberar a casi todos los presos políticos. Quiere conquistar a los polacos para su hermano el zar. Finge no tener nada que temer. Diariamente, sale por Varsovia sin escolta.
Una tarde, cuando se dispone a salir para dar su paseo, Constantin decide llevar consigo a Nicolás y a su hermana Olga. La gran duquesa, que debe presidir un comité de caridad y no puede acompañarlos, protesta:
-No debierais hacerlo, Kostia, tras todas las advertencias que hemos recibido recientemente.
El gran duque rechaza sus reproches. Cuanto más insiste ella, más se empecina él.
-Dejad al menos tranquilos a los niños...
-Muy al contrario, Sannie, será para ellos la ocasión de visitar Varsovia.
El gobernador ruso de la ciudad se interpone:
-Que vuestra alteza imperial acepte al menos una escolta.
Constantin se niega secamente.
-Sin embargo, hemos recogido informaciones precisas y todas concuerdan...Por toda respuesta, Constantin empuja a sus dos hijos hacia la calesa. Recorren al trote corto las principales avenidas. Constantin enumera los palacios de la aristocracia. Nicolás, por su parte, contempla la multitud, bastante numerosa a esta hora de paseo. Todo el mundo reconoce al virrey, los hombres se quitan los sombreros, las mujeres esbozan una reverencia, pero la mayoría vuelve la cabeza. El gran duque finge no advertirlo y sigue señalando a sus hijos los monumentos importantes.
Con su instinto de niño, Nicolás comprende que algo no funciona. Ignora si hay peligro, pero siente que la calma es sólo aparente y que por detrás crece la agitación. Incluso su hermana, por lo general alegre y parlanchína, se estrecha en silencio contra su padre.
Sin embargo, terminan el recorrido y vuelven al castillo real sin incidentes. La gran duquesa les aguarda en la escalinata, presa de una extremada ansiedad.
-Habían preparado un atentado. ¿Lo sabíais, Kostia?
-Ya veis, Sannie, no ha habido atentado. Son sólo rumores. Nada puede ser más apacible y agradable que nuestro paseo.
A pesar de aquel tono tranquilo, Nicolás ha advertido enseguida que una arruga recorre la frente de su padre, como cuando está profundamente preocupado. Como se supo más tarde, había estado a punto de producirse un atentado. Aquel día, los nacionalistas polacos habían proyectado lanzar una bomba en el coche descubierto del virrey, pero la presencia de Nicolás y de Olga les había detenido en el último instante. «¡No asesinamos a los niños!», habían declarado los conjurados. No hubo atentado pues, pero la tensión era tal que resultaba inevitable la explosión. Hubo revuelta.
Nicolás leyó el miedo en los rostros de quienes le rodeaban. Oyó los disparos, los gritos, contó los cañones alineados en los patios del palacio, apuntando hacia los portales que los amotinados intentaban derribar. Divisó en las ventanas y en los techos guardias con los fusiles apuntando a la multitud. Una escolta, y qué escolta más numerosa, más armada que nunca-, les acompañó, a él y a los suyos, hasta la estación, pues el gran duque había sido llamado. El general Paskievich que le sustituyó pacificó a cañonazos. Con miles de cadáveres en su conciencia, pronunció la célebre frase: «¡El orden reina en Varsovia!»
Alejandro II no reprochó a Constantin su fracaso. No renunció a los consejos de su hermano, como su hermano no renunció a su liberalismo. Apenas hubo regresado, Alejandro II lo arrojó a la marina que necesitaba un rejuvenecimiento. Constantin puso manos a la obra con su habitual energía y, en unos pocos años, la convirtió en un ultra moderno instrumento de guerra. Por ello, Alejandro II le puso a la cabeza del consejo del imperio, la más alta instancia del Estado.
Para Nicolás, su padre es su ídolo.
Según la costumbre para los adolescentes de la aristocracia, la joven María von Keller acaba de ser presentada en la corte. Pero conoce a la familia imperial desde la infancia. Su padre es un amigo íntimo del gran duque Constantin y su madre es dama de honor de la madre de Nicolás. De modo que, con toda naturalidad, ha sido invitada en ese verano de 1865 a pasar sus vacaciones en su castillo de Pavlovsk, a unas decenas de kilómetros de la capital.
Inteligente, ambiciosa, María se alegra por la halagadora ocasión. Tres cuartos de hora de tren la han llevado a la pequeña estación de la aldea, la espera un coche de corte y entra muy pronto en el parque. El vehículo desciende hasta el fondo de un valle donde holgazanea un arroyo. María descubre en lo alto de una colina la majestuosa silueta del castillo amarillo y blanco. El coche gira a la izquierda y toma una amplia avenida flanqueada de grandes árboles, desde donde descubre por fin la espléndida residencia con toda su fachada, que se extiende en semicírculo a partir de un pabellón central.De hecho, es más bien exiguo -entendiendo exiguo al modo imperial ruso. María ha estado ya en los demás palacios, Tsarskoie Selo, Peterhof, Gachina, que se extienden por hectáreas de edificios. En comparación, Pavlovsk parece minúsculo. El coche se detiene ante un pabellón, a un lado. Una dama de honor sale por una puerta, acoge a María y la lleva por un amplio peldaño hasta su aposento, una habitación que da al parque, por detrás, una antecámara forrada de armarios, un cuarto de aseo. Dos camareras se precipitan para sacar sus efectos. La dama de honor la espera mientras ella se refresca y la lleva luego al primer piso, al salón familiar.
La gran duquesa Alejandra y sus hijos la acogen con afecto y María se siente inmediatamente cómoda. Levanta los ojos y mira a su alrededor, captándolo todo. Muy pronto, sus miradas se concentran en el mayor de los hijos, el gran duque Nicolás. El muchacho es corpulento. Alto, y a la vez atlético y ágil, con un rostro fino y rasgos nobles. La pelusilla sombrea sus labios y pone de relieve su curva sensual. Sus largos cabellos caoba se ondulan levemente. Sus grandes ojos de un castaño dorado, con pesados párpados, contemplan a la muchacha.
Adivinando la admiración que suscita, Nicolás se considera muy pronto el guía personal de María. Todo lo que de lujoso, de refinado, de único pueden crear el dinero y el gusto, ha sido inventado para Pavlovsk. En su origen fue un regalo de Catalina la Grande a su hijo, el futuro Pablo I, y a su mujer María Feodorovna. Éstos lo convirtieron en el más valioso santuario del arte. Los grandes aposentos donde vivían han sido dejados tal cual desde su muerte y, convertidos en museo, prácticamente no sirven ya. Nicolás hace admirar a María los cuadros de grandes maestros alineados sobre sedas floridas, los muebles franceses de delicados bronces, mezclados con sus copias rusas más perfectas aún.
Se detienen ante un servicio de porcelana de Sévres:—Es el regalo de la reina María Antonieta a su gran amiga, mi bisabuela, la emperatriz María Feodorovna. A ésta le gustaba tornear el marfil...
Y muestra objetos modelados en esta materia por la difunta zarina.
La familia del gran duque habita en las alas del castillo. También allí obras maestras de las escuelas española, italiana, francesa del siglo XVIH, miniaturas de gran belleza, cómodas de Riesener o Roentgen se mezclan con el gusto de la época, representado por cómodos sillones, plantas, mesas nido atestadas de chucherías y dispuestas en lugares estratégicos para que el visitante no avisado no se golpee con ellas, regimientos de fotos enmarcadas... ¡Y muchos muñecos de peluche!
En las palabras de Nicolás aparece sin cesar el nombre de su bisabuelo, el zar Pablo I, fundador de Pavlovsk:
-Su madre, Catalina II, le detestaba, ¡nunca se ocupó de él! Tenía fama de loco, ¿sabéis?... Sin embargo, era singularmente lúcido, hasta el punto de ser un precursor. Deseaba el bien de todos, el bien del imperio, pero nadie le comprendía, y su familia menos que los demás. Se entregaba a actos que hacían que fuese mal juzgado. ¡Era considerado un tirano abominable! De hecho, era un incomprendido, un desamable que nunca tuvo la oportunidad de mostrar sus verdaderas posibilidades. Acabó asesinado del modo más espantoso, como no ignoraréis. Es con mucho mi antepasado preferido. Tal vez me reconozca en él... -añadió con una mirada tan pesada que María se estremeció-. Deseo erigirle aquí una estatua, ante esta maravilla que él creó, para reparar un poco la injusticia de la que fue víctima.
Como para todos los miembros de su familia, Pavlovsk es el lugar predilecto de Nicolás. Se convierte también en el de María. Pasan fuera gran parte de la jornada. Exploran el parque gigantesco, eligen como objetivo de paseo las diferentes locuras dispersas por allí y donde se encuentran suntuosas meriendas. Se pierden por los silvestres bosquecillos que se extienden leguas y leguas al fondo de los valles pequeños. Van en canoa por el río, hacen carreras de carros, galopan por las avenidas, organizan picnics. María conoce a los mosquitos del lugar, enormes insectos cuya picadura no hace sufrir pero que no dejan en paz ni un segundo a su víctima. Supremo favor, la gran duquesa le abre su dominio reservado, aquella rosaleda del siglo XVIII que ella cuida amorosamente.
Para María, Nicolás se transforma poco a poco en apóstol de lo prohibido. Cierto día, la invita a saltar el muro para salir del parque. Es imposible pasar por una de las entradas, los centinelas advertirían de inmediato a cualquiera que lo intentara, de modo que escalan la verja. María apenas tiene tiempo de desgarrarse la falda antes de encontrarse al otro lado.
-¡Aquí somos libres! -exclama Nicolás.
Y la arrastra hasta el Vauxhall, el célebre restaurante de Pavlovsk donde se codean los habitantes más encopetados de la capital. No se atreven a aventurarse por el interior y ambos miran por las ventanas a las elegantes parejas que giran al son de una orquesta que, a veces, no desdeña dirigir el mismo Johann Strauss. María, descubriendo a los vendedores callejeros que venden golosinas, pide a Nicolás que le compre unos berlingots, su pasión. Nicolás mueve entristecido la cabeza:
-No tengo dinero. Lo poco que me dan, me lo gasto en libros.
María no puede creérselo.
-¿Pero cómo, alteza imperial, sois pobre? ¿Y todo eso, entonces? -dice señalando el castillo y el parque.
-Algún día, Pavlovsk y muchas otras cosas serán mías... pero, de momento, tengo una pensión irrisoria, apenas unas decenas de rublos al mes. Aunque no te preocupes, ¡tendrás tus berlingotsl
Antes de que María pueda detenerle, se precipita hacia el puesto y, sin que el vendedor le vea, se embolsa un puñado de golosinas. Luego, tras una pirueta, vuelve riendo hacia su compañera.
-¡Pero eso es un robo, alteza imperial!
—Todo es mío... nada es mío.
Mientras regresan, María pensativa le pregunta:
-¿Qué tipo de obras compráis con vuestro dinero?
-Libros de viajes. Sueño con ser explorador, marcharme a descubrir los grandes desiertos del Asia.
Durante las vacaciones, el programa de estudios de los niños imperiales no se interrumpe por completo. La gran duquesa propone a María que siga con Nicolás y Olga las lecciones de literatura francesa que les da el señor Ricard, profesor en las escuelas navales y comerciales. María acepta presurosa, no tanto por los encantos de la literatura francesa como por los de Nicolás. Ha descubierto que es un poeta; un músico también, puesto que toca el piano, el violín y canta con una voz magnífica. María le oye desde su habitación cuando entona canciones rusas, tan graves y tan melancólicas que ella se conmueve una y otra vez.
Las clases del señor Ricard tienen lugar en el aula, en el segundo piso del castillo. Helos aquí sumidos en las tragedias de Corneille y de Racine. Nicolás aprende a una velocidad pasmosa, le basta con leer un párrafo una o dos veces para saberlo de memoria y recitarlo con pasión, como un actor profesional, con la ayuda de gestos y de mímica. María vive en pleno sueño. Se ve como Jimena, como Berenice. El Cid, Tito, Hipólito son Nicolás. María se imagina arrancándolo de las garras de Fedra.
Cierta mañana, el señor Ricard propone un ejercicio de versificación sobre el tema: «Los pensamientos de un veterano presente en la revista de los guardias a caballo del mes de marzo.» Se hace el silencio... El sol entra a raudales por las ventanas abiertas con el zumbido de los insectos, el canto de los pájaros y los mil ruidos que evocan la naturaleza.
OIga comienza a escribir el título de su poema, moja varias veces su pluma en el tintero, contempla la página en blanco, se ruboriza y rompe luego en sollozos. Abandona precipitadamente el aula. A María le cuesta concentrarse. Sus ojos no se apartan de Nicolás, sentado a su lado.
Inclinado sobre la hoja, escribe deprisa. Ella oye su pluma que rasga el papel y luego se detiene, se levanta y, con el verbo de un charlatán, comienza a declamar. María apenas le escucha, está en éxtasis. No puede apartar de él su mirada, lo encuentra maravillosamente bello. Mientras recita, él le lanza unas agudas miradas. Ella baja los ojos y reanuda su deber. Nicolás sigue recitando su poema, en francés, claro está, cada vez más fuerte para impedir a María concentrarse:
No ceñiré ya a mi cintura el sable agudo y cortante, y no asistiré ya a los banquetes al son de címbalos y cantos. A reclutas inmóviles, no tendré ya entre ceja y ceja y con esta chaqueta civil, todos me tratarán de patán...

Nicolás se ha detenido, María no ha podido evitar levantarse y, roja de excitación, con los ojos brillantes, aplaude a más no poder. También el señor Ricard está rojo, pero de cólera.
-¡Cómo osáis, alteza imperial!
-¿Osar qué, señor Ricard?
-Vuestros dos últimos versos son un insulto al ejército, a los veteranos.
Aquel día, excepcionalmente, el gran duque Constantin asiste al almuerzo en el comedor privado. Con toda sencillez estival... Los lacayos han cambiado sus pesadas libreas con galones de oro por un atavío más ligero. La porcelana, la cristalería, la cubertería de plata se han simplificado, sólo muestran las armas imperiales grabadas en oro y los monogramas del gran duque y de su esposa. Hay menos platos que de costumbre pues hace mucho calor. En mitad de la comida, la gran duquesa anuncia a su marido que el señor Ricard ha presentado su dimisión.
-¿Pero por qué?
Porque el profesor ha considerado insultantes los versos de Nicolás.
-¿Cuáles son esos versos? -inquiere el gran duque.
Nicolás baja los ojos, lleno de falsa humildad. Es María la que los recita:
...y con esta chaqueta civil, todos me tratarán de patán.
El gran duque suelta la carcajada:
-¡Sin duda, Nicolás tiene espíritu militar!
La gran duquesa consigue convencer al señor Ricard de que retire su dimisión y, al día siguiente, las clases se reanudan como de costumbre. Los ejercicios de versificación, sin embargo, se suprimen. También Corneille y Racine son abandonados en beneficio de Víctor Hugo, no el Hugo virulento oponente del régimen de Napoleón III, sino el de los inicios, el autor de tragedias que el señor Ricard considera como inocentes, y sin embargo... Lucrecia Borgia ha sido desdeñada por su tema escandaloso, pero Los Burgraves que se desarrollan en una Edad Media pura y piadosa no presentan riesgo alguno. Ahora bien, he aquí que Nicolás, en una parrafada, se fija en estos versos:
Reinemos, somos valientes, por el hierro, por el fuego. ¡Burla al rey, burgraves! ¡Burgraves, burla a Dios!
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Matilde
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   14/3/2012, 03:15

Madame de Sauvaget escribió:
affraid ¿Qué será de mi vida? affraid

¿Cómo haré para leer todo lo que postean?

Ay, de mí...

C O I N C I D O con Madame study study study

TODO, absolutamente TODO lo que se está posteando, es interesantísimo, pero como hacemos para que el día tenga .......... affraid confused 36 horas Question Question Question



flower flower
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Silvermj
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   14/3/2012, 22:07

Sólo 36?!?!?!?!?! 48!!!!!!!!! Shocked
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queenalix
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   18/3/2012, 23:53

Un té en el Savoy', la 'réplica' al libro de Pilar Eyre

no se si es la réplica pero sí otra visión...

http://www.vanitatis.com/casas-reales/2012/03/06/un-te-en-el-savoy-la-replica-al-libro-de-pilar-eyre-17939/

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queenalix
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/3/2012, 00:50

La cuarteta no le abandona ya. De la mañana a la noche, la repite no sólo en el aula sino durante el almuerzo, la cena, en todas las reuniones familiares:
¡Burla al rey, burgraves! ¡Burgraves, burla a Dios!

La familia, acostumbrada a sus excentricidades, no le presta atención, pero una de sus tías, una gran duquesa que está de visita, se enoja profundamente. Le hace reproches a Alejandro.
-¿Pero quién le ha enseñado esos versos sediciosos al joven Nicolás?
-El bueno del señor Ricard...
-¿Qué buen señor Ricard? Sin duda es un jacobino, ¡querida Sannie! ¡No os habéis dado cuenta! No podéis mantener a vuestro lado un hombre que enseña versos tan blasfemos a vuestros hijos.
María observa a Nicolás mientras se decide la suerte del profesor. Éste mira alternativamente a la gran duquesa que está de visita y a su madre, con aire sardónico. Advierte que María le vigila, le guiña un ojo travieso. Ella se ruboriza. El señor Ricard es despedido aquel mismo día.

María está indignada y espera la hora de la merienda para decírselo. Aquel día meriendan en el pabellón de las rosas, delicada construcción erigida por María Feodorovna para celebrar la victoria de su hijo Alejandro I... y la derrota de Napoleón. Los demás juegan a su alrededor en los prados esmaltados de flores o pescan en el riachuelo próximo. Quedándose sola con Nicolás, ni siquiera dirige una mirada a las guirnaldas de rosas pintadas en la madera:
-¿Por qué habéis permitido que despidieran al señor Ricard? ¡Sabíais que era una injusticia!
-De todos modos, nadie me habría escuchado, y mi madre menos que nadie. Por lo que se refiere a la tía de visita, origen de todo el daño, me sentía literalmente hipnotizado por su estupidez.
-¿Acaso el señor Ricard es realmente un jacobino?
-Lo admiraría mucho más por ello... Ya encontraré el medio de hacer que le llegue una compensación.
-¿Por qué os empeñasteis en recitar esos versos? Pueden, en efecto, parecer blasfemos...
-¡Los elegí precisamente por eso! Y burla a todos los reyes, María, ¡a todos los reyes!
-¿Pero y vuestros padres, vuestra familia, el emperador?
-El emperador es un hombre como todo el mundo, lo amo por lo que es, lo detesto por lo que representa.
-¿Pero y el imperio, Nicolás?
-Rusia estaría mucho mejor con una república.

María se sofoca, pero no por eso cede.
-Pero burla a Dios, Nicolás...
-¿Queréis que crea en un Dios que deja hacer una injusticia tan flagrante, tan cruel como el despido del señor Ricard?
Otra mañana, pronto aún, María está ya en su tocador cepillándose el pelo cuando escucha bajo sus ventanas unos ladridos feroces y unos patéticos balidos. Corre a la ventana. Provisto de un látigo, Nicolás excita a tres bulldogs para que se arrojen sobre un corderillo que ha atado a un árbol.
María queda petrificada. La sorpresa, el horror la paraliza, luego recupera el ánimo, corre a llamar a la puerta de su vecino, el coronel Mirkovich, preceptor adjunto de Nicolás. También el coronel ha visto la escena, pero no se ha atrevido a intervenir.
-¡Hay que hacer algo, hay que detenerle! -ordena la muchacha.
El coronel desaparece dirigiéndose a la escalera, María regresa a la ventana, palpitante. Cree haber tenido una alucinación. Abajo no hay ya dogos, no hay ya corderillo, no está ya Nicolás. Todo ha ocurrido tan rápidamente que se pregunta si no habrá soñado.

En el desayuno, no dice ni una palabra. Luego vuelve a sus aposentos y oye extraños ruidos procedentes de uno de los armarios de su antecámara. Asombrada, algo inquieta, lo abre. De él sale el corderillo que había visto a punto de ser devorado por los perros. Rizado, lleno de cintas, comienza a lamerle la mano.

Provocar, ésa es la ocupación favorita de Nicolás a los quince años.
Porque Nicolás no es «como los demás», algo que le hace más atractivo aún... María ha oído decir que cuando tenía once o doce años, en casa del emperador en Tsarskoie Selo, se había golpeado con violencia la cabeza corriendo por una escalera. Habían seguido semanas, meses de enfermedad salpicados por terribles dolores y, desde entonces, Nicolás tenía siempre jaqueca. Algo que tal vez podía explicar el comportamiento que tenía a veces con su entorno. Su madre parecía adorarlo, su padre pasaba por alto muchos de sus pecadillos, y sin embargo parecía distante con sus padres. Por lo que se refiere a sus hermanos y hermanas, los maltrataba a menudo, incluso a Olga a la que, era evidente, amaba infinitamente.
Lo que más intrigaba a María eran las relaciones de Nicolás con su preceptor. Nicolás no era ya un niño y la actitud de Mirbach se teñía del respeto debido a un gran duque que pronto sería mayor, pero su mueca revelaba el escepticismo cuando contemplaba a su alumno, una sensación de asco incluso. Por su parte, Nicolás actuaba con él como si no existiese. No le dirigía la palabra, ni siquiera parecía advertir su presencia, y cuando Mirbach le hablaba, siempre respondía brevemente mirando a otro lado. Más de una vez, María había sorprendido la mirada huidiza de Nicolás deteniéndose en el alemán, y había tenido tiempo de leer en ella el odio mezclado con el miedo. Se preguntaba qué terrible secreto, adormecido pero activo aún, les separaba.

En verdad, Nicolás no se parece a ningún otro miembro de la familia imperial, y María tiene la ocasión de comprobarlo cuando el gran duque heredero Alejandro Alexandrovich, el hijo de Alejandro II, va a almorzar a Pavlovsk. Es un gigante tosco, de hercúlea fuerza, capaz de desgarrar con sus manos una baraja de naipes o de retorcer una bandeja de plata. A pesar de su juventud, no tiene gracia ni carisma alguno. Y precisamente su poderío le hace singularmente torpe.
María percibe enseguida la antipatía entre el heredero y su primo Nicolás. Además, Alejandro se permite atacar la política liberal de su padre el emperador que -todo el mundo lo sabe- es defendida si no inspirada por el gran duque Constantin. Éste intenta mantener la calma al responder a su sobrino que hace un gesto demasiado brusco y derrama una copa de vino tinto sobre el mantel bordado. El gran duque no puede contener una risita sarcástica:
-¡Pero mirad esos bovinos que nos manda San Petersburgo!
Nicolás se troncha. Y María ve cómo la rabia rojea en el rostro del heredero.










3
Aunque fue nombrado cuando nació coronel en jefe honorario de varios regimientos, el joven gran duque hace el entrenamiento como cualquier oficial. Participa en las maniobras, por tierra en la infantería, en el mar Báltico en la marina. Aspirante extraordinariamente dotado, es el primero de su familia que obtiene el diploma de la Academia Militar del Estado Mayor, la más exigente. Hele aquí subteniente, teniente, capitán después. Su edad le permite ya participar en las ceremonias anuales de la corte, como las del 1 y luego el 7 de enero para la Fiesta de las Aguas, la Pascua ortodoxa, la fiesta del emperador.
Al cumplir sus dieciocho años, en 1868, recibe una herencia que le permite mostrar su generosidad. Da a sus servidores, incluso a sus profesores, sumas importantes. A su viejo criado Savioloff, que le vio nacer como vio nacer a su padre, le regala una casa y un jardín en el parque de Pavlovsk. Para conmemorar su visita a un regimiento, funda una beca que permitirá enviar cada año a algunos oficiales a instruirse en el extranjero.
En aquella misma época, es autorizado a ocuparse de Pavlovsk, su dominio predilecto del que será algún día heredero. Hace instalar la calefacción en los aposentos familiares, supervisa el parque, regala a los bomberos de la ciudad una nueva bomba de incendios. Y realiza por fin su antiguo sueño haciendo erigir a su cargo una estatua del zar Pablo I, su antepasado preferido, ante el castillo que lleva su nombre.
Bodas, bautizos, entierros familiares le hacen viajar al extranjero. Aquí está en Atenas para el primer parto de su hermana Olga. Ésta se ha casado con un joven oficial de marina, hijo del rey de Dinamarca, que ha sido enviado a Atenas para ocupar el trono. Nicolás apenas recordaba la capital griega que había visitado, de niño, con sus padres... Desde entonces, la ciudad se ha más que cuadruplicado. Se aloja en el palacio real, enorme y sonora mansión. Le han destinado una vasta habitación de alto techo que da al tupido parque plantado con esencias exóticas.
Cierta noche, tras uno de los numerosos banquetes que jalonan su estancia, le domina un extraño sopor. Tal vez sea el alimento que no le ha sentado bien, o tal vez ha bebido demasiado porque hace mucho calor. Da vueltas y vueltas en su cama buscando un sueño que se le niega...
... En el Palacio de Invierno, morada imperial, la sala Nicolás es sin discusión la más desmesurada, la más suntuosa. Situada casi en el centro del edificio, decorada con gigantescos trofeos de oro, sirve para las mayores solemnidades. Cuando entra en ella, flanqueado por los guardias, la encuentra forrada de negro. De negro está cubierto también el estrado instalado en el centro de la sala, de negro van vestidos los innumerables cortesanos. La atraviesa entre dos hileras de soldados de su regimiento preferido, el Volynski, que en señal de vergüenza llevan sus fusiles al revés. El estrado está rodeado de otros soldados que, en cambio, apuntan con el cañón de sus armas. La familia, de riguroso luto, se mantiene algo retirada. Se fija en que el emperador, su tío, está pálido. Le aupan al estrado, mientras su madre y la emperatriz se lanzan a las rodillas de Alejandro II implorando su gracia. Oye al emperador responder con voz quebrada: «No puedo, no puedo...» Luego éste sube a su vez al estrado y le besa tres veces: «Te encomiendo a Dios», antes de volverse hacia la muchedumbre y declarar:
-Como tío, le perdono y le amo, como soberano me veo obligado a condenarle.
El emperador desciende del estrado, vuelve a su lugar, ordena que le venden los ojos y que le aten las manos a la espalda. «¡Fuego!...»
Nicolás se agita con violencia y despierta empapado de sudor helado en su habitación del palacio real de Atenas. Corre hasta la ventana para respirar un poco de aire, pero ni un soplo agita el oscuro parque. Miles de grillos estridulan en las ramas. Levanta los ojos a las estrellas que titilan sobre su cabeza. Recuerda cada detalle de su pesadilla. Una impresión horrible. Ha sido pues condenado a muerte... ¿Pero por qué fechoría?
De regreso a San Petersburgo, Nicolás vuelve al entrenamiento militar, a las clases de derecho, a las ceremonias de la corte...
Para un gran duque de Rusia, por mucho que la rutina sea distinta a la de los demás hombres, no es por ello menos rutina. Nicolás se aburre y no lo acepta. Se sabe inteligente, lúcido, descubre la mentira, la ilusión, la pretensión, ve en un relámpago la verdad de un ser humano o la realidad de una situación.
No ignora que su porvenir está trazado hasta los más ínfimos detalles, y lo diseña sin ilusión. El ejército primero -obedecer las órdenes y callar...-, la boda con una princesa alemana a la que no amará, luego hijos con los que no sabrá qué hacer, un puesto honorífico donde le recomendarán sobre todo que no tome iniciativa alguna, inauguraciones, homenajes, reverencias, viajes a las cortes extranjeras, recepciones oficiales con cuya ocasión conocerá a miles de personas con las que nunca tendrá que decir banalidades, en resumen, una existencia hecha de conformismo y convenciones, una existencia huera, sin vibraciones, sin acción, sin amor. Sin embargo, ni siquiera es concebible rechazar este porvenir.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/3/2012, 08:22

Esta versión será mas edulcorada si como dice el artículos es de alguien próximo a los reyes, pero yo la verdad prefiero algo así que no como el de Doña Eyre, cargado de sensacionalismo. Me quedo con la parte bonita de la historia, con alguna pincelada de dramatismo pero con algo que me deje un buen sabor de boca
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   18/4/2012, 18:33

sale un DVd en el que Carl Johan Bernadotte cuenta su vida...Se llama El príncipe perdido.

En sueco...aunque capaz que está en inglés...Igual, no lo envían fuera de Suecia.




¿es el único bisnieto de la reina Victoria que está vivo?
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/8/2012, 21:02

ha salido un nuevo libro sobre parejas reales...

en Francia y en francés pero capaz que algún día llega o se consigue en la web en español... veremos...veremos

Les couples royaux dans l'histoire
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MensajeTema: Bodas Reales   11/12/2012, 16:50

Mirad que libro os traigo.....BODAS REALES: UNA GENERACIÓN IRREPETIBLE


Se trata de una colaboración de ¡HOLA! y Lunwerg en el que reúnen por primera vez en un libro único los enlaces más románticos de la historia de la realeza. Un gran libro ilustrado sobre las bodas reales, con todos los detalles de los enlaces de los herederos de las monarquías europeas que cierran una etapa única en la historia de las monarquías: la de las grandes bodas reales celebradas por amor (no se si incluir aquí la de Alberto y Charlene).

Philippe de Belgique et de Mathilde d’Udeckem d’Acoz
Frederik de Danemark et de Mary Donaldson
Prince des Asturies et de Letizia Ortiz
Willem-Alexander des Pays-Bas et de Maxima Zorreguieta
Alois de Liechtenstein et de la duchesse Sophie en Bavière
Grand-duc Henri de Luxembourg et de Maria Teresa Mestre
Albert de Monaco et de Charlène Wittstock
Haakon de Norvège et de Mette-Marit Tjessem
William et de Catherine Middleton
Victoria de Suède et de Daniel Westling
Paul de Grèce et de marie Chantal Miller
Naruhito du Japon et de Masako Owada
Rey Mohammed VI du Maroc et de Salma Benani
Abdallah de Jordanie et de Rania Yassine
Kardam de Bulgarie et de Miriam Ungria
Rey de Bhoutan et de Jetsun Pema.
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Silvermj
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   11/12/2012, 20:05

La de Albert y Charlene está incluída. Ojala Hola Argentina lo publique acá.
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Matilde
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   12/12/2012, 01:23

incluyeron la boda del actual Gran Duque Henry con Maria Teresa en 1981; pero dejaron de lado a los casi 10 años que le costaron a Harald de Noruega convencer a su padre para casarse con Sonja...................y debe haber más ejemplos aunque no tan numerosos como en este último período.

Coincido con Silver, ojalá HOLA Argentina lo publique.....

santa
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   12/12/2012, 01:56

ni idea si va a haber una edición argentina...veo si puedo averiguar algo
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Persee
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   12/12/2012, 09:51

He indagado un poco más y en realidad son 37 bodas de 16 dinastías diferentes, así que suponge que la de Harald y Sonia tambíén estará.

Aquí os dejo unos enlaces de los sitios que lo venden, la verdad es que no está facil encontrar información de él.

Paradox libros

Planeta de los libros (Web de la editorial del grupo planeta)

No obstante, el volumen no recoge el último enlace de Luxemburgo en un amplio reportaje fotográfico como el resto, sino que simplemente incluye la instantánea ofrecida por la corte luxemburguesa cuando se anunció el compromiso.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   12/12/2012, 16:21

Persee cheers

en Paradox libros ya lo pusieron en oferta ( si es que reducir 2 ó 3 Euros es oferta! Rolling Eyes Rolling Eyes )

De todas formas, son 37,52 EUROS, que son calculados mentalmente y aproximadamente, unos "bonitos" 240 de los pesos argentinos.

Habría que ver si nuestros vapuleados bolsillos por la inflación, quieren destinar ese importe a ello............

sunny
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   12/12/2012, 19:26

no creo que se edite acá....

pero no me parece tan caro si realmente vale la pena....

sobre todo porque haría más lugar en mi biblioteca concentrando en el libro todos los recortes de Hola

yo tengo la fantasía de ir a España, algún día, y sentarme en una de esas librerías que tienen bar y podés agarrar un libro y leerlo y leerme todas las biografías royal que editan...(seguro que alguna hay)

ya se que necesitaría ir unos cuantos días pero juro que lo haría....

comprar todo no solo es imposible por $$$$$ sino por exceso de equipaje....así que esta me parece la mejor solución...

sorry, Persee, que no voy a contribuir mucho con la industria editorial española...

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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   12/12/2012, 19:56

¡Papááááá Noeeeeeeeel!
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   13/12/2012, 01:27

queenalix escribió:
no creo que se edite acá....

pero no me parece tan caro si realmente vale la pena....

sobre todo porque haría más lugar en mi biblioteca concentrando en el libro todos los recortes de Hola

yo tengo la fantasía de ir a España, algún día, y sentarme en una de esas librerías que tienen bar y podés agarrar un libro y leerlo y leerme todas las biografías royal que editan...(seguro que alguna hay)

ya se que necesitaría ir unos cuantos días pero juro que lo haría....

comprar todo no solo es imposible por $$$$$ sino por exceso de equipaje....así que esta me parece la mejor solución...

sorry, Persee, que no voy a contribuir mucho con la industria editorial española...


yo "descubrí" Amazon, aunque aún no me animé a enviarme algo acá a Argentina; pero a través de ellos, enviar regalitos en Europa, sí,sí............los libros, también se pueden pedir en Amazon...........

y de experiencias propias pasadas en épocas del 1=1 los libros llegan directo a tu casa, sin pasar por la Aduana (no sé si hoy día, con el Sr. Moreno........ Crying or Very sad Crying or Very sad )


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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   13/12/2012, 01:48

me temo que no hay un patrón...en general se que llegan bien y sin problema pero a veces hay que ir a buscarlos a la Aduana.

Conozco buenas y malas experiencias con envío de libros y revistas tanto en la era pre Moreno como en la post Moreno...

es que estamos taaaan lejos....
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Persee
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   13/12/2012, 07:00

Cómo es eso de que teneis que ir a buscar a la aduana los envios? Shocked.

No teneis en argentina Fnac? Yo es el sitio de referencia para la compra de todas las compras "culturales", y se pueden comprar también por internet, lo que no se es si hacen envios a Argentina. Dentro de Europa si porque tengo pedidos libros a Francia cuando aun no habían abierto tiendas por aquí.
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MensajeTema: "Cuestiones reales" de Frédéric Deborsu   13/12/2012, 14:28

Reyes en el armario

Por THAIS MORALES | 22 de noviembre de 2012

El libro ‘Cuestiones reales’ ha provocado un tsunami real en Bélgica. Su autor, el periodista belga Frédéric Deborsu, ha puesto en el punto de mira al príncipe Felipe de Bélgica. “A los 39 años, Felipe tenía un problema con las mujeres”, afirma el periodista en su libro, en el que explica que el heredero habría mantenido, antes de casarse en 1999, una intensa relación con el conde Thomas de Marchant. “Durante varios años, los dos hombres estuvieron juntos. Pero el príncipe tuvo que ceder al chantaje de su padre y casarse con Matilde d’Udekem: ‘O te casas, o nunca serás rey’, le dijo Alberto II a su hijo”. Y Felipe, como otros tantos, se casó.

Pero no es un caso aislado. Los rumores de homosexualidad han perseguido a numerosos miembros del gotha real, como Alberto de Mónaco, que ha mantenido su soltería hasta los 52 años, y Eduardo de Inglaterra, un apasionado del teatro que prefería el diseño a los uniformes, y que no logró acabar su formación militar. Y si nos remontarnos en el tiempo, descubriremos que en la historia de las monarquías, los palacios siempre han tenido muchísimos armarios y han estado habitados por reyes que, en realidad, querían ser reinas.

Aparte de los históricos y legendarios Alejandro Magno, Adriano y Julio César, a quien llamaban la reina de Bitinia por su relación con el rey Nicomedes, en esta lista de reyes con pluma, los británicos ostentan un pequeño récord. Ricardo Corazón de León, que reinó en el siglo XII, es uno de los primeros monarcas homosexuales que nos ha dejado la historia. Su relación con otro rey, Felipe Augusto de Francia, hace de estos dos soberanos la pareja de ‘reinas’ por excelencia. "Ricardo, entonces duque de Aquitania, firmó una tregua con Felipe, rey de Francia, que desde hacía tanto tiempo le testimoniaba tanto honor que comían todos los días a la misma mesa, en el mismo plato y, durante las noches, el lecho no los separaba”, explicaba en sus crónicas el inglés Roger de Hoveden.

El rey Eduardo II Plantagenet amó sin ocultarlo a Piers Gavestón, primer conde de Cornualles. Esa preferencia unida al recorte de privilegios de la nobleza que llevó a cabo durante su reinado -1307 a 1327- fueron una mala combinación para el rey y para Piers, que murió asesinado en 1312 después de años de intrigas de la aristocracia inglesa.

Piers y Eduardo se conocieron en 1300 y como cuenta el historiador John Boswell, "cuando el hijo del rey lo vio, sintió tanto amor que realizó un hermanamiento con él y se decidió resolutamente ante todos los mortales a entrelazar una liga indisoluble de amor con él".

En el siglo XVII, el rey Jacobo I de Escocia y VI de Inglaterra tuvo una esposa protocolaria, Ana de Dinamarca, y cuatro amantes varones reconocidos: su primo, Esmé Stuart, sir James Hay y Robert Carr, al que nombró conde de Sommerset y, el último y más querido, George Villiers, al que concedió el título de duque de Buckingham y la persona que estuvo a su lado cuando murió el 27 de marzo de 1625. "No soy ni Dios ni un ángel, sino un hombre igual a los demás y que confiesa amar por encima de todo a aquellos que han hallado un lugar en su corazón. Podéis estar seguros de que amo al conde de Buckingham más que a cualquier otro... Jesucristo tenía a su Juan Bautista y yo tengo a George", declaró Jacobo ante el Consejo Real.

-El caso francés-

En Francia ha existido también una regia tradición homosexual. Si en el siglo XVI, en el día de su boda, Enrique III deseó con toda su alma lucir el traje de la novia que él mismo había diseñado para su esposa, en el siglo XVII el príncipe Felipe de Orleans, hermano de Luis XIV, se dedicó a escandalizar a la Corte con sus diseños, su exceso de maquillaje y su libertinaje. Monsieur, título que recibían los hermanos del rey, tuvo varios favoritos -Julio Mancini Mazzarino, Armand de Gramont, el marqués de Effiat- pero el preferido siempre fue Felipe de Lorena. Como era de rigor, Monsieur se casó. La primera vez con Enriqueta Ana Estuardo y, tras enviudar, con Isabel Carlota del Palatinado. A Liselotte, como la llamaban, no le importaban las preferencias de su marido. Al contrario. Como escribió en su diario cuando decidieron su separación conyugal después del nacimiento de su tercer hijo:" Me sentí aliviada cuando mi esposo sugirió que tuviésemos camas separadas pues, a decir la verdad, jamás hallé demasiado placer en tener niños".

También en el diario de la reina encontramos la siguiente entrada tras la muerte de Felipe: “Si se pudiese saber en el otro mundo lo que ocurre en éste, Monsieur estaría muy satisfecho de mí, pues busqué todas las cartas que sus favoritos le habían escrito y, sin leerlas, las quemé para que no cayesen en manos ajenas”.

-En la Península-

En el siglo XV, cuando la casa Trastámara estaba en el poder en el reino de Castilla, dos reyes quisieron ser reinas: Juan II y su hijo, Enrique IV. Ellos hicieron bueno el dicho de: ‘En Castilla de tal palo, tal astilla’. Juan II tuvo como amante a su valido, Álvaro de Luna, que fue el hombre más influyente y temido del reino hasta que fue ejecutado en 1453. Detrás de aquella muerte estaba al mano firme de Isabel de Portugal, segunda esposa de Juan y madre de la futura Isabel la Católica. El historiador de la época, Fernán Pérez de Guzmán, en sus crónicas “Generaciones y semblanzas”, escribía:“El rey Juan ni de noche ni de día quería estar sin don Álvaro de Luna, y lo aventajaba sobre los otros, y no quería que otro alguno lo vistiese ni tratase”.

Su hijo, Enrique IV de Castilla, recibió el apodo de ‘El impotente’ por no ser capaz de haber tenido un hijo con su primera esposa, Blanca de Navarra, y porque la hija que tuvo con su segunda esposa, Juana de Portugal, era, según los rumores, de su favorito, Beltrán de la Cueva (de ahí que a la niña la llamasen Juana la Beltraneja). Y si con las mujeres Enrique no congeniaba, con los hombres no tenía problemas. Entre sus amantes estuvieron Juan de Pacheco, que pretendió alcanzar el mismo poder que Álvaro de Luna tuvo durante el reinado de Juan II de Castilla; Gómez Cáceres, "un joven de arrogante figura, belleza física y afable trato", quien, según las crónicas de la época, gozó del favor real tan solo por esas virtudes, y Beltrán de la Cueva.

En el siglo XIX, un personaje de voz atiplada y gestos amanerados conquistó un espacio de honor en los armarios reales: el esposo de la reina Isabel II, Francisco de Asís, duque de Cádiz. A don Francisco lo llamaban en Madrid Paquita y su favorito fue Ramón de Meneses, duque de Baños. La reina Isabel solía contar a sus allegados el chasco que se llevó la noche de bodas cuando se dio cuenta de que su marido llevaba puestos más encajes que ella misma. Al día siguiente de su enlace la pareja ya dormía en aposentos separados.

A principios del XX, el infante Luis Fernando de Orleans, hijo de Eulalia de Borbón y primo hermano de Alfonso XIII, fue el homosexual real más destacado, brillante y escandaloso del momento. En París, Luis Fernando fue cliente habitual del hotel Marigny, un ‘must’ del ambiente parisino de la época, donde trabajó como relaciones pública, y en Venecia vivió una época dorada, junto a los gondoleros más apuestos. Luis Fernando se casó en 1930, a los 42 años, con la princesa Marie de Broglie, de 73 y heredera de una gran empresa azucarera a la que arruinó antes de dejar abandonada. Entre las anécdotas vinculadas a este personaje se cuenta este elocuente lamento de una aristócrata veneciana que siempre explicaba que: “Tenía dos lacayos negros y hermosos, pero los he perdido a los dos; el primero me lo ha robado la tuberculosis, el segundo, el infante de España…”. Luis Fernando murió en París en 1945 y ningún miembro de la Casa Orleans y Borbón asistió a su entierro.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   13/12/2012, 17:55

Matilde escribió:
queenalix escribió:
no creo que se edite acá....

pero no me parece tan caro si realmente vale la pena....

sobre todo porque haría más lugar en mi biblioteca concentrando en el libro todos los recortes de Hola

yo tengo la fantasía de ir a España, algún día, y sentarme en una de esas librerías que tienen bar y podés agarrar un libro y leerlo y leerme todas las biografías royal que editan...(seguro que alguna hay)

ya se que necesitaría ir unos cuantos días pero juro que lo haría....

comprar todo no solo es imposible por $$$$$ sino por exceso de equipaje....así que esta me parece la mejor solución...

sorry, Persee, que no voy a contribuir mucho con la industria editorial española...


yo "descubrí" Amazon, aunque aún no me animé a enviarme algo acá a Argentina; pero a través de ellos, enviar regalitos en Europa, sí,sí............los libros, también se pueden pedir en Amazon...........

y de experiencias propias pasadas en épocas del 1=1 los libros llegan directo a tu casa, sin pasar por la Aduana (no sé si hoy día, con el Sr. Moreno........ Crying or Very sad Crying or Very sad )


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No llegaban por correo privado últimamente? Por los problemas con el correo nacional y su manía de abrir sobres y paquetes.

Yo desearía encargar via Amazon, pero hay que pagar en verdes (ojalá pusieran importes en pesos)y el gobierno anunció un recargo sobre gastos en el extranjero y además hay que pedir autorización a la tarjeta para pagos en esa moneda.

Alguien encargó algo via Amazon desde las nuevas medidas? Como le fue? Desde ya muchas gracias. Smile
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   13/12/2012, 18:16

Silvermj escribió:
Matilde escribió:
queenalix escribió:
no creo que se edite acá....

pero no me parece tan caro si realmente vale la pena....

sobre todo porque haría más lugar en mi biblioteca concentrando en el libro todos los recortes de Hola

yo tengo la fantasía de ir a España, algún día, y sentarme en una de esas librerías que tienen bar y podés agarrar un libro y leerlo y leerme todas las biografías royal que editan...(seguro que alguna hay)

ya se que necesitaría ir unos cuantos días pero juro que lo haría....

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sorry, Persee, que no voy a contribuir mucho con la industria editorial española...


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No llegaban por correo privado últimamente? Por los problemas con el correo nacional y su manía de abrir sobres y paquetes.

Yo desearía encargar via Amazon, pero hay que pagar en verdes (ojalá pusieran importes en pesos)y el gobierno anunció un recargo sobre gastos en el extranjero y además hay que pedir autorización a la tarjeta para pagos en esa moneda.

Alguien encargó algo via Amazon desde las nuevas medidas? Como le fue? Desde ya muchas gracias. Smile

Los libros y revistas están exentos del 15% de impuesto y si bien el precio figura en U$S vos la tarjeta la pagás en pesos al cambio oficial...es conveniente

el tema es que te llegue sin problemas y no tengas que ir a buscarlos a la aduana...eso no te lo puedo asegurar.


A mi en 2004 la revista Hola que compré me llegó por correo pero me salió muy cara porque era correo común...

yo creo que eso de Fnac acá no lo tenemos...

Ayer intenté en ese link que puso Persee ver si la podía comprar pero no es un sitio de e-commerce...te piden un teléfono para llamarte y realizar la compra.

sigo investigando
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Libros sobre la realeza
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