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 Libros sobre la realeza

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queenalix
Príncipe/Princesa Heredero/a
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MensajeTema: Publicaciones sobre la realeza española   2/4/2011, 18:04

Abro este hilo para que vayamos subiendo las recomendaciones de libros que hayamos leído sobre la realeza española.


Historias de las reinas de España - La casa de Austria

de Carlos Frisas - Ed. Planeta.

Una semblanza de las grandes desconocidas de nuestra historia, las mujeres que compartieron el trono de España: Juana la Loca, la reina que enloqueció de celos; Isabel de Portugal, la más bella de las reinas; María Tudor, o cómo Inglaterra y España hubieran podido llegar a ser una solo estado; Isabel de Valois; Ana de Austria; Margarita de Austria; Isabel de Borbón... Más el protocolo de las comidas de palacio y numerosas curiosidades de cada época.

Es un libro de 202 páginas que nos da un pantallazo general de las reinas de la casa de Austria, la mayoría de ellas reinas-consorte.
Muy bien escrito y documentado pero algo elemental si alguno de ustedes sabe mucho sobre el tema.

Es un libro que quiero mucho porque me lo trajo mi marido de España y fue, de hecho, uno de los primeros regalos que me hizo.

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Dariusssssss
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   6/4/2011, 16:38

AQUÍ EL LIBRO DEL AFAMADOLYTTON STRACHEY SOBRE LA REINA VICTORIA DE INGLATERRA... SE PUEDE DESCARGAR Y TODO... SALUDOS!
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queenalix
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   10/4/2011, 19:40

Gracias... Esta biografía la compré hace poco y me desilusionó un poco.
OJO está correcta y muy bien escrita pero el personaje de Strachey me había impresionado tanto que esperaba algo más creativo.

¿Vieron la película Carrington? es justamente sobre la vida de este biógrafo. Se las recomiendo aunque muy difícil de encontrar. Si alguien la puede bajar o ver on line, me avisa. En una época andaba por youtube pero sin subtítulos.

http://www.imdb.com/title/tt0112637/

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kaiserina
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   11/4/2011, 23:58

Los reyes malditos de Maurice Druon




Los Reyes Malditos es una serie de novelas históricas escritas por Maurice Druon y publicada entre 1955 y 1977 por Del Duca:. La saga trata de cómo Felipe IV el Hermoso fue maldecido por el gran maestre de los Caballeros Templarios, Jacobo de Molay, o Jacques de Molay, ya que este monarca francés suprimió la orden debido a que debía una gran suma de dinero a los Caballeros del Temple, por el rescate que su abuelo Luis IX había pedido a éstos para liberarse de los egipcios en la VII Cruzada. Esta serie de siete libros cuenta cómo la Dinastía Capeto se extinguió....
Los seis primeros volúmenes han sido objeto de una nueva edición corregida, entre 1965 y 1966.
El séptimo tomo está escrito en primera persona a diferencia de los seis anteriores. El que habla en dicho libro es el Cardenal Périgord quien se la pasa recordando hechos alrededor de los reyes Juan II el Bueno de Francia y Carlos II el Malo de Navarra. Ahí no hay practicamente ningún personaje vivo de los libros anteriores y no faltó quien opinase que es un libro separado a la saga original.

I. El rey de hierro
¡Todos malditos, hasta la séptima generación! Ésa es la terrible maldición que el jefe de los templarios, desde las llamas de la hoguera, lanza a la cara de Felipe el Hermoso, rey de Francia. Corre el año 1314 y la profecía parece haberse hecho realidad: durante más de medio siglo, los reyes se suceden en el trono de Francia, pero nunca duran mucho tiempo. De las intrigas palaciegas a las muertes súbitas e inexplicables, de las batallas entre las dinastías a las guerras desastrosas, todo parece fatalmente regido por el sino de los reyes malditos. El futuro de Europa está en juego durante esos años negros.
II. La reina estrangulada
Francia, siglo XIV. La maldición que el Gran Maestre de los templarios lanzara a la cara del rey Felipe el Hermoso parece haberse hecho realidad. Intrigas palaciegas, batallas entre dinastías y guerras desastrosas se suceden y llevan a la corte, a los prelados, a los jueces, a los banqueros y hasta al propio rey a una situación desesperada. Todo ello será preámbulo de un crimen...
III. Los venenos de la corona
Los venenos de la Corona resucita, casi día a día, los conflictos, odios, intrigas y crímenes que plagaron el reinado de dieciocho meses de Luis X. Maurice Druon vuelve a entretejer los sinos de las figuras que marcaron esa época turbulenta de Europa: el desgraciado destino de la hermosa Clemencia de Hungría, llamada a ser reina de Francia y repentinamente viuda: los destinos truncados del joven lombardo Guccio Baglioni y de María de Cressay, cuyos amores debieron enfrentarse a las prohibiciones sociales: los destinos violentos de la condesa Mahaut de Artois.
IV. La ley de los varones
Junio de 1316. Tras un corto y catastrófico reinado, Luis X acaba de morir envenenado. Han pasado sólo dieciocho meses de la muerte de su padre, Felipe el Hermoso. Por primera vez desde hace trescientos años, un rey de Francia desaparece sin dejar un heredero varón. La corona puede ir a la cabeza de una niña de cinco años, sospechosa de bastardía, hija del primer matrimonio de Luis X con Margarita de Borgoña.
V. La loba de Francia
Un intervalo de seis años separa La Ley de los Varones y La Loba de Francia. Durante esos años, de 1318 a 1324, el país ha sido sabiamente gobernado, aunque azotado por diversas calamidades: la cruzada de los campesinos, la rebelión de los leprosos, agitaciones, masacres...
Felipe V el Largo muere sin haber llegado a los treinta años de edad y, como su hermano Luis X, no deja descendencia masculina. El tercer hijo del Rey de Hierro, el débil Carlos IV, sucede a Felipe V. Durante su reinado, Francia será gobernada por representantes de la alta nobleza, Carlos de Valois y Roberto de Artois. El nuevo y dramático giro de la historia se originará en Inglaterra. La Loba de Francia es el trágico sobrenombre que los cronistas de la época le dieron a Isabel, hija de Felipe el Hermoso y reina de Inglaterra, quien pareció trasplantar la maldición de los templarios al otro lado del Canal de la Mancha. En esta nueva entrega de Los Reyes Malditos Maurice Druon sigue trazando el fresco de una época turbulenta con mano maestra.
VI. La flor de lis y el león
Con la muerte de Carlos IV se extingue la dinastía de los Capetos. El ascenso de los Valois al trono francés desatará la guerra de los Cien Años... La semilla del descomunal enfrentamiento ha caído en la tierra fértil de las rivalidades económicas, las ambiciones personales, los embrollos jurídicos y lso resentimientos históricos. Fatalidades colectivas y trágicos actos individuales se suceden en este sexto volumen de la saga de Los Reyes Malditos . Un personaje domina esos años decisivos para el occidente europeo: el conde Roberto de Artois. Nadie ha puesto más empeño que él en coronar a su primo Felipe de Valois, y ahora espera recibir en pago la devolución de las tierras de sus antepasados...
VII. De como un rey perdió Francia

En el séptimo y último volúmen de Los Reyes Malditos, Maurice Druon revive el reinado de Juan II, al promediar el siglo XIV. Este monarca ha pasado a la historia como Juan el Bueno; sin embargo, la realidad fue un hombre vanidoso y cruel, a la par que indeciso e incapaz. Francia atraviesa una época de intensas crisis. El país se ve desgarrado por luchas entre clanes y facciones, Inglaterra pretende dominar todo el territorio francés, la inflación es galopante, los impuestos aplastan a la población, la Iglesia atraviesa por una profunda crisis dogmática y moral, la peste asuela el país y el rey acumula error tras error.

He visto este fin de semana en las librerias que hay una reedicion en tamaño pocket.
Y si no me equivoco, creo que se pueden bajar por internet. Talvez los mas expertos puedan poner un link.

Realmente se los recomiendo. Los lei por primera vez a comienzos de los ochenta, y luego los he releido..........,se los he prestado a varias personas y a todas les ha gustado-
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queenalix
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   12/4/2011, 02:25

Yo también recomiendo esta serie...

creo que se consiguen x Internet.
Ahora tengo una conexión q no me permitr bajar nada pero la semana q viene me pongo a investigar
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Dariusssssss
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MensajeTema: LA NOCHE BLANCA DE SAN PETERSBURGO, por Miguel de Grecia   16/4/2011, 12:29

La Noche Blanca de San Petersburgo

Por el Príncipe Miguel de Grecia




CAPÍTULO I

Esa mañana de julio de 1998, todos los Romanov que siguen vivos se han reunido en San Petersburgo, en el vestíbulo del viejo Hotel Astoria recientemente restaurado. Aguardan la hora de partir hacia la fortaleza de Pedro y Pablo para asistir al solemne entierro del zar Nicolás II, de su esposa Alejandra y de sus dos hijos, que serán inhu¬mados con los hombres y mujeres masacrados al mismo tiempo que ellos. Sólo el perrito del zarevich, fusilado también, no tendrá dere¬cho a ese privilegio.
Esos supervivientes de la fabulosa dinastía que, desde el siglo XVI, gobernó el más vasto imperio del mundo llegaron la víspera o la ante¬víspera a San Petersburgo. Han acudido de todas partes, especialmente de América y de casi todos los países de la Europa occidental. Por lo menos tres generaciones: los ancianos, de noble aspecto, de luto estric¬to claro está pero de cuidada elegancia, y los más jóvenes, con niños incluso que no conocen la historia de su familia. Siguen en la panta¬lla de televisión instalada en el vestíbulo del hotel los preparativos de la ceremonia retransmitidos en directo.
Acaba de aterrizar un gran avión militar procedente de Yekaterinburgo, donde la familia imperial pereció y donde fueron encon¬trados los cuerpos, milagrosamente, hace poco. En la pista, la guardia de honor se pone firme con el sable desenvainado, la banda mi¬litar toca una marcha fúnebre, los soldados con uniforme de gala bajan los ataúdes, uno tras otro, y los llevan a hombros hacia los fur¬gones.
Todos, aquí, con los ojos clavados en la pequeña pantalla, asumen el mismo apellido que las víctimas, el prestigioso patronímico de los Romanov, pero sus vínculos se han aflojado o son inexistentes. Ninguno es lo bastante viejo para haber conocido a Nicolás II, los de más edad apenas se acuerdan de que sus padres o sus abuelos les habla¬ban de él. Durante la revolución de 1917, más de veinte miembros de la familia imperial fueron asesinados. Quienes sobrevivieron y sus descendientes tenían hasta ahora prohibida la estancia en la Unión Soviética. La mayoría, sin dinero, tuvo que adaptarse a las circuns¬tancias, construirse una vida donde el azar los llevó, tuvieron que inte¬grarse en medios, en sociedades que no eran los suyos. Puesto que su patria de origen había cortado todo vínculo con ellos, los más jóve¬nes la dejaron cubrirse de polvo en un rincón de su memoria.
Y he aquí que la inhumación del último zar no sólo reanuda el vínculo de un modo fulgurante sino que les coloca también a plena luz en esta Rusia desconocida para ellos y de la que, durante una ceremonia, vuelven a ser la primera familia. Observaban en la pan¬talla los ataúdes con el águila bicéfala, y los pocos de entre ellos que hablan ruso intentan descifrar los nombres inscritos en letras de bron¬ce sobre las tapas: Olga Nicolaievna, Tatiana Nicolaievna, María Nicolaievna, Nicolás Alexandrovich, Alejandra Feodorovna... y, casi a su pesar, sienten un nudo en su garganta y las lágrimas acuden a sus ojos. Pues, brotando del pasado, la más atroz, la más sangrienta tragedia de la Historia, la de los suyos, les afecta súbitamente y les con¬mueve.
De pronto, la puerta del vestíbulo se abre con estruendo y entra apoyándose en dos muletas una mujer visiblemente de edad, alta eimperiosa. A pesar de los años, a pesar de las muletas, mantiene un porte majestuoso. Sus vestidos están gastados pero son de buen gus¬to y los lleva con una elegancia natural. Sus cabellos grises están cui¬dadosamente levantados, su rostro apenas con arrugas mantiene una tez de muchacha. Sus ojos azules brillan con poderoso fulgor. Clava su mirada en la cincuentena de hombres y mujeres reunidos en la vas¬ta sala con columnas. ¿Quién es? Se llama Natalya Androssov Iskander Romanov. Nunca he oído hablar de ella...
El príncipe Nicolás se adelanta. Es el jefe de la familia imperial, el mayor de los Romanov. Es un hombre alto, imponente, cuya pala¬bra es autoritaria. Se acerca a la intrusa y la saluda. Por aquel gesto, los demás comprenden que debe ser tratada como un miembro de la familia. Sin embargo, no se apresuran.
Instintivamente, la sienten distinta, importuna. Han visto desfilar tantos y tantos impostores, falsas Anastasias, falsos zarevichs, y luego falsos hijos o hijas del zarevich... Ni siquiera protestan ya con¬tra estos supuestos parientes que aparecen aquí o allá para reclamar parte de la ilusoria herencia, o simplemente para rozar la gloria del nombre. Sin embargo, mantienen a distancia a aquel o aquella que quisiera penetrar en su círculo invisible pero herméticamente cerra¬do. De modo que, sin apartarse de la intrusa, evitan acercarse a ella. E, imperceptiblemente, la aislan.
Nunca desde la caída del imperio, más de setenta años antes, la iglesia de la fortaleza de Pedro y Pablo, panteón de la familia impe¬rial, ha albergado tan prestigiosa ceremonia. Centenares de cirios hacen brillar el oro del iconostasio, racimos de prelados vestidos de cere¬monia agitan los incensarios. A la derecha, la familia imperial. En otros lugares, los embajadores, las autoridades civiles y militares. Ante los ataúdes de Nicolás II y los suyos, Boris Yeltsin en persona, el mis¬mo que antaño hizo arrasar la casa Ipatiev de Yekaterinburgo porque se convertía en lugar de peregrinación, el mismo que ha autorizado estos funerales solemnes. Puede verse al antiguo comunista inclinan¬do la cabeza ante los restos del último zar, dando luego su pésame al príncipe Nicolás y estrechándole las manos con efusión. No es la recon¬ciliación del pasado y del presente, son los pasados, el imperial y el comunista, que se funden en un extraño presente.
La intrusa, Natalya Androssov Iskander Romanov, se encuentra en la última fila de la familia. Nadie le ha dado el brazo para ayudarla a andar. Nadie le presta atención. A ella no le preocupa. No ha venido por los vivos sino por los muertos.
Yo había sido invitado a los funerales de Nicolás II pues mi abue¬la, la gran duquesa Olga, era una Romanov. No tenía aún dieciséis años cuando abandonó su país natal para ir a Grecia y casarse con Jorge I. Calurosamente recibida por los griegos, no escatimó con ellos la abnegación. No se limitó a crear instituciones caritativas, hospitales, orfelinatos, sino que se ocupó personalmente de ellos. Nunca se mezcló en política. De todos sus privilegios, sólo se había reservado el de ser accesible a todos, tender su oído a quienes la nece¬sitaban y demostrar una inagotable compasión.
Aunque lo ocultase con cuidado, su corazón seguía siendo ruso. De modo que, cuando, tras veinticinco años de matrimonio, no pen¬sando ya tener más hijos, dio a luz al benjamín, decidió en el fondo de sí misma que sería el ruso de la familia. Lo llevaba cada año en sus largas estancias en Rusia y le había enseñado el ruso, que hablaba como un indígena. Le enviaba a menudo a visitar a su numerosa paren¬tela, le hacía jugar con los hijos de Nicolás II, especialmente con Anastasia, que tenía su misma edad. Ella se había alegrado al descu¬brir su alma eslava y aquel don para la música que de allí procedía. El benjamín de la reina Olga era mi padre, Cristóbal de Grecia. Me transmitió su interés por todo lo que se refiere a Rusia. A fin de cuen¬tas, la novelesca historia sembrada de grupos teatrales y tragedias de aquellos zares tan diversos y agitados es sólo un asunto de familia.
Natalya -Talya para los íntimos- me intrigaba. Durante una estan¬cia en Moscú, algunos años antes, un amigo ruso me había propues¬to presentarme a una de mis primas instalada desde siempre en la capi¬tal. Reconozco haber dudado entonces de su autenticidad y no le hice caso. Ahora bien, el destino, con ocasión de aquellos funerales nacio¬nales, acababa de aproximarnos y ahora deseaba encontrarme con ella. El mismo amigo que me comunicó su existencia concertó una cita. No obstante, yo no estaba aún convencido...
Acudí pues a Moscú para ver a aquel enigma vivo.
El coche recorrió durante kilómetros la muy amplia perspectiva Kutuzov. Pasamos ante la isba de madera donde, la noche de la bata¬lla del Moskova, Kutuzov tomó la heroica decisión de entregar Moscú a Napoleón. La campiña se anunció por unos opulentos vergeles; lle¬gamos luego a una especie de arrabal donde los inmuebles en cons¬trucción alternaban con decrépitos edificios de apartamentos baratos. Nos detuvimos ante el más destartalado de ellos, contemplados por un areópago de babuchkas. Milagrosamente el ascensor funcionaba y nos llevó al séptimo piso.
Talya vivía allí en un minúsculo apartamento de dos habitaciones atestadas. Libros, viejos periódicos, cartones alternaban con anaqueles llenos de chucherías baratas; una planta de interior ocu¬paba demasiado lugar, había por todas partes jarrones llenos de flo¬res. Sobre la estrecha cama se alineaban fotos amarillentas e iconos populares.
Los ojos de Talya me impresionaron más que cualquier otra cosa. Llameaban con un fulgor casi insostenible. La voz también, fuerte, autoritaria, lanzando órdenes a la encantadora periodista que la ayu¬daba, al primo barbudo que me había llevado allí e, incluso, al perro Malech, el único que no la escuchaba y hacía lo que quería. Ochenta y dos años y fresca aún y coqueta, su blusa pálida, su pantalón azul marino manifestaban que siempre había sabido vestirse. Había preparado, de acuerdo con la tradición rusa de la hospitalidad, un ver¬dadero festín: patés hechos por ella misma durante tres días, varias botellas de vino y un licor de cereza de fabricación propia capaz de despertar a los muertos y matar a los vivos. No importaba que sólo fueran las cinco de la tarde, tuvimos que comer y sobre todo beber hasta saciarnos.
Puesto que su puerta no estaba nunca cerrada, algunos niños entra¬ban sin cesar, deseosos de contemplar al visitante. Se trataba de la pro¬genie de una vecina etílica, de la que Talya se había convertido, en cierto modo, en su abuela. Les daba calderilla para que fueran a pasear a Malech, el perro de humor desobediente. La aprovechaban para comprarse golosinas.
El aspecto de Talya no dejaba duda alguna: incluso en aquel mise¬rable estudio, reinaba como soberana. Todo, hasta el menor detalle y el menor gesto, lo proclamaba.
Osé entonces hacer la pregunta que me torturaba:
-¿Cómo una Romanov como usted logró no ser detenida, encarcelada, torturada, fusilada por los soviéticos?
-Mi madre volvió a casarse y mi padrastro, para ponerme al abrigo, me adoptó y me dio su nombre. Sigo llamándome Androssov.
Sin embargo no era tan sencillo...
-Todo el mundo sabía que yo pertenecía al antiguo régimen. ¡Al parecer se veía de lejos! Por lo que se refiere al KGB, no ignoraba mi verdadera identidad.
-¿Ejercieron presiones, amenazas contra usted?
-No directamente, pero yo notaba sin cesar su presencia... Ni un solo instante se aflojó su vigilancia invisible, la peor de todas.
-¿Ha podido llevar una existencia oculta por completo?
-En absoluto. Por el contrario, era una estrella.
-¡Estrella! ¿Pero de qué?
-De circo. Era acróbata en motocicleta...Disimulé tan mal mi estupefacción que Talya se divirtió con ello. Tras un corto silencio, aceptó satisfacer mi curiosidad.
-Cuando hube terminado mis estudios secundarios, encontré cerra¬das las puertas de la universidad. Existía por aquel entonces una ley que impedía a los miembros de la antigua aristocracia hacer estudios superiores. ¡Tuve que trabajar para ganarme la vida! Aprendí a fabri¬car zapatos, sombreros, cinturones, vestidos. Pero no me veía siendo obrera toda mi vida... Siempre me ha gustado el ejercicio, el deporte. Montaba a caballo desde la infancia. Más tarde, aprendí a conducir, participé en competiciones automovilísticas, ¡incluso gané carreras! Además, me gustaba el peligro... Había en aquel tiempo, en el parque Gorki, una pareja de alemanes que hacían un número de equilibris¬mo sobre motocicleta. Al acercarse la guerra, desaparecieron. Fueron expulsados o partieron por propia voluntad, no lo sé. Abandonaron tras ellos su material. Se anunció un concurso para encargarse de su número. Me presenté. Una candidata ya inscrita no acudió, otra que tenía todas las posibilidades de ganar se rompió la pierna un poco antes. Concursé sola, gané y pronto me contrató un circo célebre.
Talya agarró sus muletas, se levantó, se arremolinó por el apartamento, empujó a sus íntimos, tiró de una caja medio despanzurra¬da, sacó de ella unas fotos y las arrojó sobre la mesa. Todas la repre¬sentaban en la época de su gloria: despeinada aquí, a horcajadas sobre su moto; ahí en plena juerga, con un gorro de marinero, la colilla en los labios y vestida de hombre, y allí de perfil, con una pose digna de Cecil Beatón. ¡Una belleza incomparable!
-¿Estuvo usted enamorada, prima Talya?
-Sí, del muro de circo que tenía que escalar en moto.
-¿Fue usted amada, prima Talya?
Esbozó una sonrisa enigmática y se guardó de responder. No lo necesitaba, adiviné que había roto algunos corazones y dejado a sus espaldas una siembra de enamorados.Su apariencia, su porte, su estilo me desconcertaban. Evocaba a las zarinas del siglo XVII, capaces de cualquier cosa, sobre todo de exce¬sos, y a las que nada nunca había hecho retroceder. Bajo su formida¬ble personalidad, era auténtica. Imperial y primitiva. ¿Pero quién diablos era, a fin de cuentas? Pues ésta era la pregunta crucial a la que yo había ido a buscar respuesta.
-Soy la nieta del gran duque Nicolás Konstantinovich, el hermano de su abuela Olga.
-Perdóneme, prima Talya, pero mi abuela sólo tuvo tres hermanos, Constantin, el ilustre poeta, Dimitri, que fue asesinado durante la revolución y Viaceslav, muerto en su juventud.
-Tuvo otro, el mayor de todos, mi abuelo.
Con miramientos, intenté hacerle admitir que ningún gran duque Nicolás Konstantinovich aparecía en los cuadros de familia que tan¬tas veces había yo consultado, hasta el punto de saberlos de memoria
-Es cierto, primo Mihael, ya no está, pero figuró en ellos. Lo suprimieron de la familia imperial, como si nunca hubiera existido.
-Entre los Romanov, algunos hermanos han envenenado a su her¬mana, algunas esposas han asesinado a su marido, algunos padres har torturado a su hijo, pero nunca nadie ha sido tachado de las listas ¡jamás!
-Y, sin embargo, eso es lo que le sucedió a mi abuelo...


Desde el alba, nieva sin cesar en San Petersburgo. Los gruesos copos velan a los soldados con abrigo gris que, con la bayoneta calada, se alinean desde el palacio de Invierno hasta la fortaleza, y tambien a los curiosos amontonados en varias hileras. Otro entierro solem ne se desarrolla en la iglesia de la fortaleza Pedro y Pablo, el de la emperatriz Alejandra Feodorovna pero de eso hace mucho tiempc ya, fue en noviembre de 1860.
Los coches de la corte han seguido el inmenso catafalco corona¬do con plumas negras y han depositado a sus ilustres pasajeros ante el santuario frente al que se alinean las celdas de los prisioneros polí¬ticos, pues la fortaleza es a la vez panteón imperial y prisión de Estado. El interior de la iglesia ha sido maquillado para la ocasión. Velos de crespón cuelgan del prodigioso iconostasio semejantes a un encaje de bronce dorado, otros velos negros se enrollan a las macizas columnas y envuelven los pesados escudos de armas y las coronas imperiales de cartón dorado. Miles de cirios apenas consiguen caldear la atmósfe¬ra. La iglesia está atestada.
Frente a la Puerta Real del iconostasio, en un catafalco recargado de cirios, emblemas, trofeos, escudos de armas y flores, se ha depo¬sitado el ataúd de la difunta. Según la costumbre de la Iglesia orto¬doxa, está abierto. La nariz aguileña, el rostro huesudo de la madre del emperador se distinguen perfectamente. Era hija del insulso Federico Guillermo III de Prusia y de la incomparable reina Luisa, la beldad que se atrevió, sola, a plantarle cara a Napoleón. Al nacer, la habían llamado Carlota pero, en su boda, de acuerdo con la costumbre, se había rusificado como Alejandra Feodorovna.
Su marido, el emperador Nicolás I, la había engañado sin prescindir de la más profunda deferencia hacia ella. Había sido su sostén, su consejera. Aquel tirano intratable había aterrorizado todo el impe¬rio, comenzando por su familia, pero no a su mujer. Sin nunca plan¬tarle cara, había sabido defenderse. Había educado perfectamente a sus hijos que la adoraban. Con tanta firmeza como suavidad, había mantenido la corte de un modo soberbio sin tolerar el menor desor¬den. Su caridad era proverbial, y se la llora profundamente.
El emperador reinante, Alejandro II, dirige el luto, se le recono¬ce perfectamente por sus abundantes patillas que prosiguen en un opu¬lento mostacho. A su lado su esposa, la hermosa emperatriz María Alexandrovna, de melancólica mirada. Algo más lejos, un hombrecillo con unos quevedos colgando de un cordón de seda negra, al que apenas se advierte porque va acompañado por la gran duquesa Alejandra Iosifovna, la más hermosa con mucho de todas las mujeres de la corte...
Vienen por fin los descendientes imperiales, entre ellos ese mucha¬cho de unos diez años, flacucho, de rasgos finos, que observa su entor¬no con una especie de ironía, sorprendente en esa atmósfera de pro¬fundo recogimiento.
El momento más solemne de los funerales ha llegado. El emperador Alejandro II avanza hacia el catafalco, con un cirio encendido en la mano. Se arrodilla, se inclina profundamente antes de subir los escalones cubiertos de terciopelo, se inclina sobre el ataúd y deposita un beso en la frente de su madre, luego retrocede, se persigna tres veces y regresa a su lugar bajo el dosel. Cada miembro de la familia impe¬rial, por orden de prelación, le imita. Luego, unos empleados de la corte ponen la tapa al ataúd y la clavan. Los martillazos resuenan bru¬talmente en el silencio. Para finalizar, un pesado paño de oro borda¬do con las armas de la difunta se arroja sobre el ataúd. Entonces, para indicar que Alejandra Feodorovna ha abandonado realmente este mundo, el emperador y los suyos, seguidos por todos los cortesanos, invierten el cirio encendido que tenían en la mano y lo apagan aplas¬tando la mecha contra el suelo de piedra. Los cantos de la coral se rea¬nudan mientras los prelados se retiran por la Puerta Real detrás del iconostasio.
De pronto, una llama corre por el velo de crespón puesto tras la familia imperial. En un segundo, el conejo que se finge armiño se enciende y muy pronto se inflaman los escudos de armas. El fue¬go amenaza ya las coronas de cartón dorado y los soportes del do¬sel. Nadie sabe qué hacer... El respeto protocolario que inspira el emperador, el temor a mostrar el menor pánico inmovilizan a la mayoría
Algunos oficiales y chambelanes se acercan al emperador para protegerle del fuego que se extiende por encima de su cabeza. Alejandro II, por su parte, no pierde la sangre fría. Sin moverse, sin parpadear, en voz baja, da órdenes. Los pajes se precipitan hacia el ataúd de la emperatriz viuda y lo levantan para ponerlo al abrigo de las llamas.
La familia imperial se ha alejado un poco del incendio, unos militares arrancan las colgaduras medio consumidas y las pisotean, otros hacen caer, con sus sables, los escudos de armas y las llamean¬tes coronas. El clero no se ha movido, prudentemente tras el iconos¬tasio, sigue la escena entre sus aberturas. Muy pronto el inicio de incen¬dio queda dominado. Con el emperador a la cabeza, cada cual vuelve a su lugar como si nada hubiera ocurrido. Los prelados brillantes de oro y brocados emergen del iconostasio y prosigue el oficio. Sólo permanece un abominable olor a quemado que domina sobre el perfu¬me del incienso.
En el coche, de regreso, su alteza imperial el gran duque Nicolás Konstantinovich de Rusia, Gran Cordón de la Orden de San Andrés, de la Orden de Santa Ana, de la Orden de San Vladimiro, de la Orden del Águila Blanca de Polonia, coronel en jefe del regimiento de Volynski, de los guardias de Izmailowsky, jefe del 4.° batallón de los guardias de la familia imperial, jefe del 84.° regimiento de infantería shirvan, refle¬xiona. Tiene diez años, y todos esos títulos, esas condecoraciones, esos honores los recibió al nacer. Se pregunta qué le ha llevado a incendiar el velo de crespón con su cirio, sabiendo muy bien que corría el riesgo de interrumpir dramáticamente los funerales de su abuela.
Sin embargo, amaba profundamente a la difunta. Hasta donde recuerda, lo había rodeado de una profunda ternura y lo había cubier¬to de regalos, pero sobre todo le había manifestado siempre que le gustaba su compañía. Le eligió a él, sólo con otros tres nietos más, para acompañarla cinco años antes a la coronación de Alejandro II. El viaje en el tren imperial, la solemne entrada en Moscú, en carroza,las salas del Kremlin, los cortejos, las multitudes entusiastas, las cere¬monias donde había que permanecer horas de pie, el banquete de la coronación..., de aquel calidoscopio de emociones conserva, aún, la imagen de su abuela vestida con brocado de plata, brillando con enor¬mes diamantes.
El invierno anterior, mientras permanecía en la Costa Azul para intentar cuidar sus bronquios, ella reclamó su presencia. Estaba ya enferma y el silencio había caído sobre la gran villa que alquilaba. A pesar de su debilidad, había hecho el esfuerzo de llevarle paseando hasta Cimiez. Había procurado distraerle convocando a prestidigita¬dores, cantantes, músicos e incluso a la famosa domadora de cana¬rios, la señorita Van der Meersch. El pequeño Nicolás le había que¬dado profundamente agradecido.
¿Por qué entonces, durante sus funerales, un impulso que no había podido dominar le había llevado a acercar la llama al velo de cres¬pón? Intentaba convencerse de que se trataba de un accidente, pero en el fondo sabía que lo había hecho adrede. ¿Había querido pertur¬bar, tal vez por afición a la farsa, aquella ceremonia en exceso larga, agitar a toda aquella gente demasiado estirada, sacudir el yugo que sentía sobre sus hombros? Le gustaba provocar, y nada podía impe¬dirle hacer lo que le pasaba por la cabeza. Pero sobre todo, como siem¬pre, había querido llamar la atención de su madre.
Esta está sentada a su lado en el coche. Para Nicolás, es la mujer más bella de la tierra... No concibe que pueda existir un ser más per¬fecto, más seductor. No puede dejar de contemplar sus amplios ojos azules, su nariz recta y fina, esa boca minúscula, esa tez deslumbra¬dora, esa cabellera caoba, esa actitud altiva que la hace más atracti¬va aún.
Nicolás la prefiere en las noches de baile en la corte. La moda exi¬ge que lleve los hombros desnudos y el pecho descubierto en gran par¬te; él se embriaga con esa piel satinada, esas turbadoras profundidades que ponen de relieve la estrecha cintura y la ancha crinolina. Alejandra Iosifovna se cubre de joyas, perlas, diamantes, zafiros, esme¬raldas, pero ese tornasolado amontonamiento ni siquiera puede com¬pararse a su propio brillo.
Nadie ignora que Nicolás es su preferido. Cada vez que lo ve, lo estrecha contra sí, como si fuera aún un niño muy pequeño. Y en las fotos siempre tiene para con él un gesto posesivo. Está orgullosa de la belleza de su hijo, orgullosa de sus progresos en clase pues sus pro¬fesores no dejan de alabar su inteligencia, su precocidad. Todo el mun¬do piensa que le mima demasiado y considera que no debería con¬sentirle sus caprichos, sus manías, ni favorecerle tan ostensiblemente en detrimento de sus hermanos y hermanas. No obstante, a Nicolás le gustaría verla más a menudo...
Por aquel entonces, una infinita distancia separa a los hijos de los padres, y la gran duquesa es demasiado convencional para rom¬per con la costumbre. De modo que sólo ve a Nicolás unas horas al día, cuando tutores y gobernantas le llevan a sus hijos. Además, está demasiado preocupada por sí misma. Esa belleza que toda la corte y su hijo admiran tanto requiere incesantes cuidados. Duerme con un corsé para mantener su estrecha cintura y hace que tallen en marfil o en plata la exquisita forma de su menudo pie para ofrecerla como regalo a sus amigos.
Y además está Anikova, esa mujercita rechoncha y rubicunda.
Intenta ser discreta, pero está en todas partes. Nicolás ve cómo su madre se encierra cada día con ella durante horas y horas, y enton¬ces no se trata de molestarla. Apenas se separa de Anikova, cuando la busca con los ojos o manda a un paje para llamarla. No puede pres¬cindir de esa mujer, hasta el punto de que Nicolás siente celos de ella. Hay cosas que no comprende pero que siente, que adivina. Los miem¬bros del servicio de honor de sus padres, ayudas de campo, damas de compañía hacen sus comentarios ante él, sin miramientos: «¡Qué lata la tal Anikova!» «Dice que es hija del duque de Angulema.» «¡Está loca!» «En absoluto, es una aventurera que sabe perfectamente lo que hace.»
Él mismo oye a su madre pronunciar estas sorprendentes pala¬bras:
-La reina María Antonieta me ha dicho, por medio de Anikova, que no debo ir a Alemania en estos momentos...
¿Acaso María Antonieta no es esa infeliz soberana de la que le han dicho y repetido que era la amiga íntima de su bisabuela y a la que los revolucionarios franceses guillotinaron? Gracias a Anikova, María Antonieta asiste a todos los almuerzos familiares, hasta el día en que el padre de Nicolás estalla:
-¡Todo eso son bobadas!
-¿Cómo os atrevéis? -responde la gran duquesa Alejandra empur¬purándose de furor.
Nicolás siente la desavenencia entre sus padres. Detesta a Anikova, haciéndola responsable de ello. El espiritismo es moneda corriente en la corte imperial rusa, se hacen girar mesas en casa del emperador y en casa de la emperatriz, pero lo de Alejandra pasa de la raya. La tal Anikova la domina por completo. Hija del duque de Angulema, ¡ni hablar! Todo el entorno imperial sabe perfectamente que el hijo de Carlos X era impotente. María Antonieta le aconseja... María Antonieta le ordena... La emperatriz viuda, la suegra de Alejandra, no se había atrevido a intervenir pero, sintiendo que su nuera abandonaba a sus hijos por la aventurera, los había atraído hacia sí y, sutilmente, había intentado reemplazar a la madre ausente. Era una de las razones de su predilección por su nieto Nicolás.
Durante los numerosos viajes de la gran duquesa, los niños son abandonados a merced de quienes debieran educarlos. Gobernantas, profesores, tutores, todos alemanes. La dinastía, a pesar de su apelli¬do muy ruso, es de origen alemán. Las esposas de los emperadores y los grandes duques son todos alemanes. La gran duquesa Alejandra, alemana también, cree en la superioridad de su país. Constantin, Vera, Dimitri, Viaceslav, demasiado pequeños, son confiados aún a las mujeres, pero Nicolás y Olga, su hermana menor, se ven sometidos a un programa terrible. Ni un solo instante de reposo, de relajación. Naturalmente, no pasan todo el día en el aula, pero los recreos, los paseos bajo vigilancia son también momentos de entrenamiento inten¬sivo a distintos deportes. Olga lo resuelve siendo decididamente una mala alumna. Las reprimendas resbalan sobre su inalterable dulzura. Nicolás, en cambio, se muestra brillante en todas las materias, pero ellos nunca parecen contentos...
«Ellos» es Mirbach, el preceptor alemán que dirige todo el equi¬po. Cuanto más éxito tiene Nicolás, más gruñe, exige, critica el otro. Nicolás multiplica sus esfuerzos, sin éxito. Está agotado, atormenta¬do, pero Mirbach se niega a advertirlo. Reprimendas y castigos caen sobre el superdotado.
Cierto día, Nicolás, privado una vez más de su madre, fue al des¬pacho de su padre, retenido como siempre en San Petersburgo, para tomar una miniatura que representa a la gran duquesa. Tiene sin embar¬go decenas de fotos suyas, que ha colgado en su habitación, pero esta reproducción del famoso retrato de Winterhalter le fascina.
Mirbach se detiene ante la miniatura puesta en la mesa de su alum¬no.
-¿Cómo os habéis atrevido a robar este objeto que pertenece a vuestro padre?
-No lo he robado, simplemente lo he tomado prestado durante su ausencia...
Mirbach no atiende a razones. Toma el látigo que jamás se sepa¬ra de él, obliga a Nicolás a bajarse los calzones ante los criados y le golpea con violencia. No sólo en las nalgas sino también en las cade¬ras, donde el dolor es terrible. Nicolás aprieta los labios hasta sangrar para no aullar, pero no puede contener sus gemidos. Al pasar por el corredor, la dama de honor de la gran duquesa, la condesa von Keller, oye los gritos, abre la puerta y sorprende la escena. Es una mujer de corazón y se indigna. Reprocha a Mirbach su excesiva seve¬ridad:
-En cuanto la gran duquesa esté de regreso, la pondré al corrien¬te de esa increíble brutalidad.
-Sabed, condesa, que cumplo las instrucciones precisas de su alte¬za imperial. Ella ha decidido con todo detalle el programa de educa¬ción de sus hijos, a qué castigos deben ser sometidos y por qué faltas.
-No puedo creer que os haya autorizado a azotar a ese infeliz niño.
-Os bastará con preguntárselo cuando regrese.
-No me digáis que habéis hecho ya sufrir ese tratamiento a un muchacho de once años.
-Lo aplico cada vez que el joven gran duque lo merece.
El pobre Nicolás ha aprovechado para escapar. Ha corrido a acurrucarse en su refugio, un tenebroso reducto bajo una escalera de servicio. Como de costumbre, Savioloff, un antiguo ayuda de cáma¬ra de su padre que está ahora a su servicio, le lleva su alimento pre¬ferido, pan y té. El niño se atiborra, hasta el punto de que no tiene ya hambre en el almuerzo durante el que se negará a comer. Nadie pres¬ta atención a ello.
Nadie le obliga nunca a una alimentación más sana y variada. Nadie se ocupa realmente de él.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   18/4/2011, 16:44

affraid ¿Qué será de mi vida? affraid

¿Cómo haré para leer todo lo que postean?

Ay, de mí...
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Desiree



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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/4/2011, 13:09

Gracias por dejarlo kaiserina.
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Desiree



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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/4/2011, 23:14

queenalix escribió:
Gracias... Esta biografía la compré hace poco y me desilusionó un poco.
OJO está correcta y muy bien escrita pero el personaje de Strachey me había impresionado tanto que esperaba algo más creativo.

¿Vieron la película Carrington? es justamente sobre la vida de este biógrafo. Se las recomiendo aunque muy difícil de encontrar. Si alguien la puede bajar o ver on line, me avisa. En una época andaba por youtube pero sin subtítulos.

http://www.imdb.com/title/tt0112637/


queenalix yo apenas empiezo en esto por eso iré experimentando con cada lectura de libros que aqui os dejen.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   13/6/2011, 00:14

Crítica del libro Isabel II o el laberinto del poder

Revista de la Historia

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MensajeTema: Libros sobre la realeza   9/7/2011, 22:40

Salió Europa Royale, un libro de Peter Conradi en el que habla de la nueva generación de monarquías europeas y su vitalidad. Periodista de Times, es reconocido en el Reino Unido por sus columnas y por su co-autoría en “El discurso del Rey”, libro que inspiró la película.

Entre las historias y la historia que remontan a los orígenes de etas dinastías, el autor, descifra en 455 páginas, los códigos detallando sus infinitas ramificaciones; los secretos de la realeza; los conflictos ocultos bajo las túnicas y los intereses que están detrás de las ceremonias oficiales.

Este es el primer libro de Peter Conradi que se traduce al francés. El autor se ha basado para su libro en entrevistas y en la investigación histórica, tratando de entender y explicar al lector el verdadero poder de estos gobernantes, sus valores, su influencia…


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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   8/10/2011, 00:48

No es de la realeza pero casi...



"Yo Cayetana", las memorias de la duquesa

Yo, Cayetana, lo que nunca se ha dicho de la duquesa de Alba contado por ella misma

A pocos días de contraer matrimonio por tercera vez, con Alfonso Díez, un funcionario 25 años menor que ella, la duquesa de Alba cuenta todo.

Escrito con desparpajo de principio a fin, el 11 de octubre sale a la venta en todas las librerías de España Yo, Cayetana (Editorial Espasa), el libro firmado por Cayetana Stuart y Silva.

Son 267 páginas que recorren la vida de esta apasionante y creativa mujer, desde su infancia de niña huérfana hasta su espléndido momento actual.

"Tengo otra media docena de nombres y unos cuantos títulos", cuenta en este libro, que recuerda cómo el mismo rey Alfonso XIII (abuelo del actual Rey Juan Carlos de España) fue su padrino tras nacer en 1926.

Desde pequeña dio muestras de simpatía, como por ejemplo, cuando en una visita a Pío XII, le preguntó para qué servía el solideo, lo que hizo reír al Papa.

La Guerra Civil española la sorprendió en Sevilla. En el Palacio de las Dueñas (su residencia familiar), se montó un hospital y un comedor, y la joven duquesa, con sólo 10 años, ayudaba a servir comida a los pobres.

"Yo nunca doy el primer paso, en eso soy muy orgullosa", declara Cayetana en el capítulo titulado "El primer gran amor", en el que confiesa cómo estuvo enamorada a sus 16 años del torero Pepe Luis Vázquez.

"Siempre me ha gustado coquetear y flirtear, un poco por divertimento. He sido más bien matacorazones", escribe la duquesa de la época en que estudió baile flamenco, antes de casarse con Luis Martínez de Irujo, padre de sus hijos, y de su viaje de novios de seis meses de duración.

Cecil B. DeMille, Gary Cooper, Esther Williams, Bing Crosby, James Stewart, Walt Disney, Charlie Chaplin, Marilyn Monroe y Marlene Dietrich fueron algunas de las personas que conoció durante aquel viaje.

"Yo me mato por el rey Juan Carlos", es la frase con la que la duquesa arranca el capítulo "Grace versus Jackie". En éste, Cayetana cuenta cómo invitó a la Feria de Sevilla a Gracia de Mónaco y a Jackie Kennedy.

"Se han escrito tantas cosas sobre mí... y sin embargo se sabe tan poco. Sólo se han enterado de lo que me ha dado la gana", confiesa Cayetana de Alba, que resume así el lema de su vida: "Vive y deja vivir".

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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   18/10/2011, 17:14

Un viaje hacia el pasado de las familias reales europeas de la mano de Charles-Philippe d'Orleáns


Luego de una investigación precisa de sus archivos privados, periódicos de la ápoca y exclusivas entrevistas con los miembros de la realeza europea, el autor nos presenta su libro: "Reyes en el exilio - Portugal refugio real", publicado por la Esfera de Libros, y nos lleva a un momento en que Portugal era el centro del mundo.



Charles-Philippe d'Orleans en la Quinta del Ángel, refugio en el que vivió la exiliada familia real francesa, es decir sus abuelos y sus padres.

Nota en Portugués de la Revista Caras

...y de yapa algunas ilustraciones del libro




El Rey Umberto II de Italia junto a la cantante Maria Callas en la Quinta de Bella Vista en Colares.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   15/11/2011, 00:28



Princesa Astrid de Bélgica
(Vincent Leroy)
Precio: € 8,00

Esta es la primera biografía de la princesa Astrid de Bélgica, hija del rey Alberto II y la reina Paola. Nacida en 1962, tuvo una infancia problemática por los problemas maritales de sus padres. En 1984 se casó por amor con el archiduque Lorenz de Austria-Este. La pareja tuvo cinco hijos. Desde la llegada al trono de sus padres en 1993, la princesa es parte en la vida oficial del país y está involucrado en el campo social.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   8/12/2011, 01:50

En youkioske.com se puede leer el libro de Mario Conde Los días de gloria.

http://www.youkioske.com/autores/los-dias-de-gloria-mario-conde/

tengo entendido que Conde es un personaje bastante nefasto para la imagen del rey Juan Carlos ya que alguna relación tuvo con la corona antes de ser acusado por estafa y estar preso algunos años.

también estuvo en Argentina haciendo de las suyas.

tal vez Persee o Paco.adra nos podrían contar algo más. El libro no es sobre la realeza ni nada parecido pero nombra al rey y a su padre en algunos pasajes. En todo caso es su visión de la historia que habrá que tomar con pinzas...
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MensajeTema: La Soledad de La Reina, de Pilar Eyre   1/2/2012, 02:28

abro este hilo, ya que la mayoría esta leyéndolo o lo esta por hacer, así dejamos nuestras impresiones...


yo lo comencé anoche, y recién eh leído tres capítulos, la verdad es lo primero que leo de ella, pero ya haba oído que era un poco fantasiosa.... en fin, el libro me resulta entretenido... y por momentos gracioso...
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   1/2/2012, 22:19

Yo no lo voy a leer. Ya he leido el de Eugenia de Montijo y el de la reina Victoria Eugenia y bien que estoy arrepentido, total....para pillarme un cabreo monumental con la sarte de tonterías que dice.....la ignoro y no le doy a ganar un duro...Perdonad pero es que tengo mucha animadversión.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   1/2/2012, 22:47

cheque escribió:
abro este hilo, ya que la mayoría esta leyéndolo o lo esta por hacer, así dejamos nuestras impresiones...


yo lo comencé anoche, y recién eh leído tres capítulos, la verdad es lo primero que leo de ella, pero ya haba oído que era un poco fantasiosa.... en fin, el libro me resulta entretenido... y por momentos gracioso...

La realeza es un tema tan complejo (porque incluye vidas humanas y familias... y cada familia es un mundo) que nunca sabremos bien cuál es el límite entre la realidad o la ficción...

Ni siquiera los que se califican de expertos podrán llegar a saber toda la verdad.

Pero lo bueno de interesarse en el mágico mundo de los palacios reales es que uno puede informarse, comparar, escuchar diferentes versiones, conocer nuevas visiones, y después sacar sus propias conclusiones.

Además, lo mejor para leer un libro es sacarse la mochila de prejuicios y de "qué dijeron".

Yo no lo leí todavía, pero ya estoy a punto de empezar porque Infanta y Cheque me entusiasmaron.

Hace unos meses cuando mencioné el mal trato que el rey JC daba a la reina, casi soy ejecutado en la Plaza Mayor, pero uno con el tiempo ve surgir otras visiones que resultan ser parecidas o que encajan en las sospechas que tenía... Y ahí se abre el abanico!

Por eso, el libro voy a leerlo con una sola idea formada, y por mí mismo: Todo es posible.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   1/2/2012, 23:18

POST DATA:
Lo que se diga del rey campechano me lo creo todo
Razz
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   2/2/2012, 01:29

Persee: podés leerlo tranquilo...es un resumen de varios libros y notas que ya se han escrito.

sin desmerecer porque lo cierto es que es muy ameno.
La reina no queda muy bien parada, eso sí. Y entiendo que para vos pueda tener otro significado que para nosotros, por más aprecio que le tengamos a la casa Real.


La autora inventa, para darle color, varios diálogos que pueden no ser verdaderos pero que sí son verosímiles...

Cuando estudiaba Letras, hace 2200 años, mi profesor de Introducción a la Literatura nos decía: la ficción puede no ser verdadera, puede no haber ocurrido y de hecho casi siempre es un invento del autor. Lo que no puede dejar de ser es verosímil. El lector tiene que creer que realmente podría haber pasado o podría pasar. Aunque sepa que no es real tiene que darse la complicidad de lo posible entre autor y lector.

Y eso es para mí este libro. Uno no puede creer que lo que se cuenta pasó tal cual pero casi todo, es posible que haya pasado o que, más bien, se parezca en algo...

Eyre ha leído todas las versiones de cada uno de los hechos, en eso se limita su investigación.(salvo excepciones que sí constan en el libros como investigaciones propias) Y lo que hace es elegir la versión más impactante y esa es la que da por real. Por eso el libro es tan efectista.

Ya desde el título: La soledad de la reina estigmatiza a doña Sofía. El libro lo desmiente en parte ya que gran parte de su vida ella estuvo rodeada de su familia, sus hijos, su marido, sus amigos. Tuvo momentos de soledad terribles pero ¿quién no?

Me sorprendió que no la hace quedar a la reina como una tonta. Para nada. Más bien como una fría mujer, calculadora, que bajo los brazos demasiado rápido en la lucha por su matrimonio. No se entiende porqué. La compara, además, con su madre, que ya sabemos que no es ninguna maravilla.

Cita mucho los libros de la Urbano sobre la reina pero en un pasaje del libro los critica abiertamente...

Sin embargo, es muy entretenida y develadora la primera parte en que relata la infancia y adolescencia. En cuanto al período en la Zarzuela en la época de Franco el relato es casi una copia de lo que la misma reina le contó a la Urbano.

El revuelo viene después, en las pocas páginas que son de las que más habla la prensa, las más jugosas para el cotilleo. Cuando don Juan Carlos, de marido fiel, amoroso, impoluto, por el solo hecho de convertirse en rey se transforma en un libidinoso y, además, indiscreto.

me parece un poco exagerado...de santo a diablo en un rato y la reina se enoja pero no hace nada por modificar semejante conducta... mmmmmmm


El libro tiene partes que me sorprendieron y otras que me dieron alguna respuesta a cosas que no entendí en su momento pero no quiero adelantarme porque muchos lo están leyendo.


todo lo que diga en este hilo, es mi opinión, obvio
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Infanta Margarita Teresa
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   2/2/2012, 01:57

Muy de acuerdo con lo que dice Darius en cuanto a que no sabemos cual es el límite entre la realidad y la fantasía, y en verdad nunca sabremos qué es cierto y qué no puertas adentro del palacio. Llegue al libro yo por curiosidad, tanto que censura e insulto, claro que me despertaron curiosidad...mi madre siempre dice que "cuando el río suena..."

En fin, llegué a el, recien estoy por comenzar el capítulo 7, en lo que llevo leído, algunas cosas las sabíamos todos, y otras no, o no tan profundamente. A mi me resulta entretenido, en realidad comencé a leerlo poniendo la cabeza en que era una novela. Y en verdad es una historia algo novelada, que hace amena la lectura, para mí al menos, estoy como aatrapada, pero porque tiene que ver con la realeza, y a mi me encanta. Claro que no voy a creer ni descreer de nada, ni confiar ni desconfiar, simplemente disfrutar de la lectura, y de datos que pueden ser tan certeros como falsos, nunca lo sabremos de verdad.

A mi no me parece que deje mal parada a la Reina, sino mas bien como una persona que las pasó duras desde muy pequeña y así se hizo "la vida la educó a los bastonazos, y a veces la muerte también..." dice una canción. Pero en fin, estoy muy poco avanzada, leere un par de capítulos más esta noche.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   2/2/2012, 07:45

Podeis leerlo, incluso gustaros, pero lo que yo tengo claro es que no pienso leerlo, porque ya he leido lo que tenía que leer de una autora embustera...y como bien habeis dicho no cuenta nada nuevo, solo es una amalgama de otros libros combinados con fantasía. Pues que sea sincera y no nos lo venda como que se ha jugado su carrera por las represalias de la casa real. JA. Ademas que soy muy terco...basta que me lo quieran menter por los hojos para que no lo lea. Así que no voy a meterz mas cizaña, que este libro es para comentar el libro de los que lo habeis leido.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   3/2/2012, 07:13

Una duda, totalmente de digna de un programa de chismes, pero Peñafiel no dijo nada sobre este libro? Shocked

Ya lei bastante sobre los reyes y prefieron adquirir otro libro antes que este, pero teniendo en cuenta que Peñafiel escribió uno no hace tanto -no, no lo lei, tan sólo los artículos en los medios- y que siempre tiene algo que decir sobre la reina, me llama la atención que esté tan callado (al menos no leí nada y aquí lo único que vi sobre el libro de esta thread es el artículo que publicó La Nación.

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Dariusssssss
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   3/2/2012, 14:32

No sé qué dijo Peñafiel, pero sé (según escribió Pilar Eyre en Twitter) que él fue el encargado de la presentación del libro en cierta ciudad española. Así que creo que está de acuerdo con él jeje
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queenalix
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   18/2/2012, 23:36

¿lo leyeron?

porque nadie más hizo comentariossssss
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/2/2012, 02:30

queenalix escribió:
¿lo leyeron?

porque nadie más hizo comentariossssss

No Sad Sad , solamente leí algún párrafo de los que publicaron los medios y/o las revistas. (no descubrí aún donde bajarlo por internet) confused confused

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cheque
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/2/2012, 04:38

antenoche termine de leerlo... es muy gracioso y entretenido... por momentos hace reír, por momentos hace llorar y por momentos hace vomitar... es increíble la capacidad que tiene para inventarse diálogos, en un pasaje reproduce una supuesta conversación entre el rey y la reina, antes de casarse arriba de un auto... se los dejo a su imaginación...
en cuanto a las 1500 amantes del rey, ella no afirma eso, en un pasaje, ella le pregunta a su "informante anónimo" si el rey a tenido alguna amante, y este le responde: Una?? Mil quinientas... haciendo alusión a que fueron varias...

Matilde, si lo quieres, pasame por privado un correo electrónico, y te lo envió.
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/2/2012, 07:41

Dariusssssss escribió:
No sé qué dijo Peñafiel, pero sé (según escribió Pilar Eyre en Twitter) que él fue el encargado de la presentación del libro en cierta ciudad española. Así que creo que está de acuerdo con él jeje

Gracias por la info. Smile
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   19/2/2012, 14:00

cheque escribió:
antenoche termine de leerlo... es muy gracioso y entretenido... por momentos hace reír, por momentos hace llorar y por momentos hace vomitar... es increíble la capacidad que tiene para inventarse diálogos, en un pasaje reproduce una supuesta conversación entre el rey y la reina, antes de casarse arriba de un auto... se los dejo a su imaginación...
en cuanto a las 1500 amantes del rey, ella no afirma eso, en un pasaje, ella le pregunta a su "informante anónimo" si el rey a tenido alguna amante, y este le responde: Una?? Mil quinientas... haciendo alusión a que fueron varias...

Matilde, si lo quieres, pasame por privado un correo electrónico, y te lo envió.

Gracias flower Cheque, para chusmear un rato estará supongo interesante. te envio el MP. Smile
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   20/2/2012, 02:27

es un libro netamente comercial...casi que te parece que van a aparecer tandas entre capítulo y capítulo...

pero es entretenido y algunas cosas se asemejan a lo que podría haber sido...

es más la manija que le dieron los medios y la interpretación al uso nostro que lo que Pilar pone en su libro...

tal como dice Cheque...en ningún momento se dice ni que el rey tuvo 1500 amantes ni que tuvo un amorío con Lady Di...pero todos los medios sacaron de contexto cosas y lo repitieron como loros...

me edito para decir que, seguramente, la Eyre estuvo encantada con esta publicidad y en algunos casos, la provocó. O sea, un libro que se siguió escribiendo después de publicado y no de la mejor manera
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MensajeTema: Re: Libros sobre la realeza   Hoy a las 05:40

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Libros sobre la realeza
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