
En el pequeño y perdido Reino de Lesotho gobierna su majestad el rey Letsie III, pero también reinan un mundo mágico de cascadas, arco iris, cumbres nevadas y panoramas rocosos... y la pobreza.
Totalmente rodeado por Sudáfrica, Lesotho ocupa tan sólo una extensión de 30.000 kilómetros cuadrados, pero es un territorio que se eleva a un mínimo de 1.500 metros de altura, en picos y montañas asombrosas; la más alta, Thabana–Ntleyana, a 3.841 metros. No es de extrañar que haya nieve perpetua en alguno de sus picos, que los vestidos tradicionales en uso vengan en forma de gruesas mantas bien coloridas, que el medio de transporte de preferencia sean los caballos y los burros y que uno pueda volver a casa diciendo que ha esquiado en África.
En Morija se sitúa el Museo Nacional, pequeño pero muy interesante, en el que se conservan cartas del gran jefe Moshoeshoe (se pronuncia mo–shway–shway), el fundador de la nación basuto en el siglo XIX, quien condujo a su gente a las montañas, alejándola del peligro del agresivo imperio del rey zulú Shaka.
También recoge la historia de las huellas de dinosaurios encontradas en la zona –que se pueden visitar en una excursión–, de 180 millones de años de antigüedad, y réplicas de las pinturas rupestres realizadas por los san, los bosquimanos, los cazadores recolectores que poblaron el sur de África antes de la llegada de las tribus nguni, a las que pertenecen los zulúes, los xhosa o los propios basuto.
La historia de Lesotho está tan íntimamente ligada a su fundador, Moshoeshoe I, que se dice que fue él quien popularizó el uso de la manta como abrigo, omnipresente hoy día en los hombros de todo basuto que se precie.
Letsie III, llamado originalmente David Mohato Bereng Seeiso, nació el 17 de julio de 1963 siendo hijo del rey Moshoeshoe II y de la reina Ma’Mohato. La monarquía de Lesotho tiene una forma extraña de nombrar a sus reinas: porque llevan el nombre de su hijo primogénito anteponiéndole el “Ma”, que, supongo, debe significar “madre de...”.
Sus primeros años de educación transcurrieron en la Escuela Primaria Iketsetseng, en la capital Maseru, de 1968 a 1972. Luego continuó estudios en Gilling Castle, escuela católica romana dirigida por el Clero de la Orden de San Benedicto en Yorkshire, Gran Bretaña, donde concluyó su formación primaria en 1976 completó los estudios secundarios y preuniversitarios en el Ampleforth College, en 1980.
En 1984 obtuvo la Licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional de Lesotho y en 1986 recibió el diploma en Estudios Legales Ingleses en la Universidad de Bristol, Gran Bretaña. En 1989, completó su preparación en Estudios sobre Desarrollo, en la Universidad de Cambridge. Seguidamente, matriculó en el Wye College de la Universidad de Londres, donde estudió Economía Agrícola.
El 12 de noviembre de 1990 fue investido como rey de Lesotho y asumió el título de Letsie III, en memoria de Letsie I, hijo de Moshoeshoe I, padre de la nación basotho. Luego de una breve abdicación a favor de su padre, fue coronado nuevamente como rey el 31 de octubre de 1997. La tradicional coronación de Letsie se celebró en Maseru, en una ceremonia colorista y simbólica en la que el nuevo soberano fue coronado con una banda y una pluma y revestido con una piel de animal, en un podio erigido en el estadio de Setseto, ocupado por unas 15.000 personas.
Una piel de animal que llevó hace siete generaciones el rey fundador de Lesotho, Moshoeshoe I, fue posada sobre el traje militar azul marino del soberano, mientras la multitud expresaba su alegría ululando y silbando. Los altos responsables religiosos del Consejo de las Iglesias de Lesotho posaron su mano sobre el rey coronado y ofrecieron oraciones por su longevidad, ante la atenta mirada de numerosos dignatarios extranjeros, entre ellos el príncipe de Gales y Nelson Mandela.
La corona de plumas de avestruz y el manto de pieles de leopardo, símbolos tradicionales de los monarcas basutos –utilizados por primera vez a finales del siglo XIX por el fundador de Lesotho, Moshoeshoe I– fueron colocados sobre el nuevo soberano, mientras la muchedumbre ululaba en saludo a su líder. A continuación, unas jóvenes con los senos desnudos y el cuerpo pintado de color ocre interpretaron danzas tradicionales, seguidas de coros que cantaron a la gloria del rey, mientras helicópteros trazaban humaredas blancas en el cielo.