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 "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití

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Dariusssssss
Vizconde/Vizcondesa
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MensajeTema: "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití   30/3/2011, 21:45



Un pasaje poco conocido de la Revolución de Haití, la primera y más radical de su tipo en América, es la unción y coronación de Henri Christophe. El primer rey negro del hemisferio occidental recibió su cetro de ébano en 1811, en una ceremonia muy parecida a la realizada por Napoleón Bonaparte en la catedral parisina de Notre Dame en 1804.

Durante la administración francesa, en el siglo XVIII, Saint-Domingue (la actual Haití) llegó a ser un prospero territorio de las Antillas. Su suelo fértil producía gran cantidad de azúcar, cacao, algodón y café merced al trabajo de los esclavos negros llevado a la colonia por traficantes ingleses y holandeses.

Pronto la población negra superó a la blanca, y en 1800 se contaban 30.000 blancos, 40.000 mulatos y 400.000 esclavos negros.

Los principios de libertad e igualdad proclamados por la Revolución Francesa produjeron en la colonia un vigoroso movimiento por la abolición de la esclavitud, a lo que, lógicamente, se oponían los hacendados terratenientes. Como consecuencia, los negros se sublevaron, buscaron refugio en las montañas e iniciaron una serie de feroces ataques hasta conseguir arrojar a los franceses del territorio.

El 1 de enero de 1804 declararon la independencia del país bajo el nombre de Haití, “tierra montañosa”, la primitiva denominación aborigen del lugar. De este modo, Haití se convirtió en el primer país negro de América cuando todavía los negros eran esclavos en casi todo el mundo.

De entre los generales nativos que habían expulsado al enemigo de la isla, destacaba Henri Christophe, un esclavo emancipado que trabajaba como jefe del servicio del Hotel de la Corona, la posada más refinada de la capital, Cap-Français, que se había casado con la hija mayor del dueño del albergue, María Luisa Codovic, cuando ella tenía apenas quince años de edad.



Tras una fulgurante carrera en las armas, Christophe se había convertido en el ídolo del pueblo haitiano. Elegido presidente del Estado en 1807, el “Napoleón negro” se propuso situar a su país entre las naciones más relevantes de la época, a fin de enaltecer a sus hermanos de raza. Para ello precisaba crear un régimen que fuera la envidia de los blancos.

Cuatro años más tarde, sin dudar, se proclamó Rey de Haití con el nombre de Henri I, y el 12 de junio de 1811, se coronó en una catedral improvisada en una ceremonia en la que el arzobispo de Haití, Corneille Brelle, depositó las coronas sobre las cabezas de sus majestades Henri I y la reina María Luisa, y los ungió con aceite de coco. La ceremonia de coronación había sido un remedo de la coronación, siete años atrás, de Napoleón en París, aunque el cetro de oro había sido humildemente remplazado por un cetro de ébano.

Para dar lustre a su monarquía, Henri I precisaba crear una corte decorosa en torno ala pareja real, que había tenido un hijo, el príncipe heredero Víctor, y dos hijas, las princesas Amétisse y Athénaire. El cuerpo de la nobleza quedó constituido por ocho duque, 22 condes, 27 varones y cuatro caballeros, cuyos sonoros títulos correspondían a otros tantos nombres de antiguas plantaciones: el duque de la Mermelada, el conde de la Limonada, el barón del Cacao… Henri Christophe conocía muy bien a sus compañeros de armas, y con títulos y collares intentó ganarse fidelidades.

En total, Henri I creó una nobleza nacional compuesta por 4 príncipes, 8 duques, 22 condes, 37 barones y 14 caballeros. Esto motivó burlas en Europa, donde la expresión “nobleza haitiana” se volvió sinónimo de una aristocracia improvisada creada por un gobierno advenedizo. Asimismo, levantó 6 castillos y 8 palacios. Esos edificios suntuosos y majestuosos le valieron a Henry I el título de «Rey Constructor».

Otro paso importante fue llevar a cabo la construcción que albergara a la familia real y causara el pasmo de los blancos, el portentoso palacio Saint-Souci, calificado por sus contemporáneos como “el más hermoso edifico residencial de toda América”. Y hubo más. Otra constrccion que aún deja sin aliento a quienes la contemplan es la Fortaleza La Ferrière, con huecos para 365 cañones, uno por cada día del año. Esta Ciudadela sigue siendo la fortaleza más grande del hemisferio americano. Situada en la cima del Bonnet á l’Evêque (Bonete del Obispo) a 900 metros de altitud, se extiende sobre una superficie de 8.000 m 2. Su muralla es de un espesor que va de los 5 a los 7 mts., y sus muros longitudinales alcanzan los 940 mts., posee amplias cisternas capaces de conservar agua y depósitos para almacenar comida suficiente para unos 5000 soldados durante un año.

En fin, todo había sido calculado para transformar esta fortaleza en un sitio de resistencia estratégica pero, también, en un espacio de convivencia social. En sus posiciones estratégicas estaba equipada con 300 cañones de diferentes tamaños y municiones. En el interior se hallaban, disimulados, enormes depósitos de balas, fusiles, bombas, obuses y pólvora, plomo y casamatas.

En otros espacios se conservaban importantes piezas de oro, ladrillos cincelados y piedras preciosas. También había apartamentos para los reyes, cocinas, panadería, fundición, una sala de teatro y espacios para la recreación. Entretanto, el rey Henri y la reina María Luisa formaban un matrimonio muy unido y lleno de amor. Él era el ‘rey de hierro’, y ella la ‘reina bondadosa”.

El tono enternecedor de la correspondencia entre ambos revela el amor que la pareja se profesaba. De hecho, María Luisa no ignoraba que, en una relación anterior, su marido había tenido un hijo reconocido, Armando Eugenio, a quien la futura reina siempre trató con afecto. El paso de los años no debilitó sus sentimientos, y siendo ya monarca Henri I quiso que la fecha de su matrimonio, el 15 de julio, fuera fiesta nacional en homenaje a la reina.

Pero una monarquía no se improvisa: necesita tradición, sangre azul y el prestigio de muchos siglos y avatares dinásticos. El sistema político instaurado por Christophe acabó transformándose en una despótica tiranía.

El monarca de color había pretendido demasiado de sus atrasados súbditos, creándose muchos descontentos por la excesiva severidad y la férrea disciplina a la que estaban siendo sometidos. El 15 de agosto de 1820, Henri I no se encontraba bien de salud pero no quiso dejar de acompañar a su esposa a la iglesia. A mitad de la misa, el soberano rodó súbitamente por el suelo, presa de un ataque de apoplejía. La noticia corrió como reguero de pólvora, y las conspiraciones e intrigas tardaron menor de dos meses en liquidar el reinado.

En la tarde del 8 de octubre, aquel esclavo negro que se había convertido en rey, y ahora tenía cincuenta y tres años, se retiró a sus habitaciones el palacio de Saint-Souci y, tras tomar un baño perfumado, se suicidó disparándose una bala de oro en el corazón. En la rebelión que siguió, su hijo adolescente, el “delfín” Víctor Henri, fue linchado por los sublevados diez días después, y con él se extinguió la dinastía Christophe, ya que Henri I había impuesto la ley sálica, que no permitía a las mujeres ascender al trono o transmitir derechos a sus descendientes. La reina María Luisa y sus dos hijas partieron hacia el exilio. El nuevo gobierno, republicano, les permitió llevarse sus joyas y garantizó a María Luisa una suma como viuda de un jefe de Estado. De manera que permaneció cuatro años en Inglaterra, al cabo e los cuales marcharon a la Toscana, de clima más cálido.

La ex reina y las ex princesas vivieron en la ciudad de Pisa, donde María Luisa mandó levantar en el convento de los monjes capuchinos una cripta que, llegado el día, le sirviera a ella y sus hijas como última morada. La princesa Amétisse falleció de problemas cardiovasculares en 1831; la menor cayó por un terraplén y se abrió la cabeza ocho años después. La reina, a la que tuvieron que amputar un pie por culpa de una infección, pidió entonces permiso a la república haitiana para volver, pero no fue escuchada, y acabó muriendo de neumonía en Pisa, en marzo de 1851, rodeada por su servidumbre y su hermana Genoveva, que se había trasladado a Europa para cuidarla. Las dos ancianas se habían hecho populares en la ciudad de Pisa, cuyos habitantes las llamaban “las princesas moras”, y se destacaron por sus obras de beneficencia y su caridad. Asistidas por dos sirvientes, paseaban al sol de la tarde. Genoveva empujaba la silla de ruedas de la otrora reina de Haití, que repartía caramelos a los niños que se acercaban a saludarla…

Faustine I

Lo que sucedía por aquellos años, próximos a su muerte, en su antiguo reino, intrigó mucho a la reina viuda. Su amado esposo no había tenido oportunidad de reinar en paz y acabar su reinado, pero muchas cosas habían sucedido en aquel reino caribeño desde su suicidio. Especialmente se hizo conocido el nombre de otro antiguo esclavo haitiano que no sólo había seguido los pasos de Henri haciéndose coronar, sino que se había hecho coronar Emperador.

Se trataba de Faustine Soulouque, hijo de María Catalina Soulouque y de padre desconocido, que nació esclavo de casta Mandingo en Petit-Goave (Haití) allá por 1782 y a la edad de once años fue liberado en 1793 y tomó parte en las guerras civiles de fines del siglo XVIII y la insurrección contra los franceses.

A los treinta años, por la misma época en que Christophe sería coronado rey, Faustino ya era teniente de la escolta de caballería del Presidente Alexandre Pétion, fue ascendido a capitán por el Presidente Jean Pierre Boyer y en 1820 se le designó comandante del distrito de Plaisance.

En 1843 se unió a los partidiarios de Riviere-Herard, que lo ascendió a coronel. El Presidente Philippe Guerrier lo ascendió a brigadier general y el presidente Jean Riché a teniente general. En 1845 fue designado Comandante de la Guardia Nacional.

Al morir Riché en febrero de 1847, los senadores Ardouin y Dupuy lo propusieron para la presidencia, arguyendo en su favor que no sabía leer ni escribir y pensando que sería su dócil instrumento. Fue elegido Presidente de la República el 1 de marzo de 1847, pero contrariamente a lo imaginado por Ardouin y Dupuy, demostró su fuerte voluntad y empezó a favorecer a los negros contra los mulatos. Una conspiración de ésta fue reprimida con confiscaciones, proscripciones y ejecuciones. Los soldados negros efectuaron una matanza general en Port-au-Prince, que solo cesó cuando el cónsul francés Charles Reybaud amenazó con un desembarco de soldados de su país. Un año más tarde Soulouque fue designado Presidente Vitalicio de Haití, de acuerdo con la constitución de 1846, y en marzo de 1849 invadió la República Dominicana con un ejército de 4000 hombres, pero fue derrotado por el general Pedro Santana en las vecindades de Ocoa y hubo de retirarse.

El 26 de agosto de 1849 el Senado proclamó el «Imperio de Haití» y al galardonado general Soulouque como Emperador con el nombre de Faustino I, por decisión unánime del Poder Legislativo. Se rodeó de una lujosa corte, creó una nueva nobleza haitiana, fundó órdenes civiles y militares y emitió una Constitución Autoritaria. Ese mismo año, Haití contó con su primera boda real, la “boda del siglo” de esta caribeña monarquía: el emperador contrajo nupcias con Adélina Léveque, que le dio una hija, la princesa Oliva. El 18 de abril de 1852, junto a la emperatriz Adélina, fue coronado con gran pompa por el vicario de Port-au-Prince.

Su reinado fue agitado y breve. A fines de 1855 invadió nuevamente la República Dominicana y otra vez fue derrotado por Santana, y al año siguiente fracasó en otro intento. La crisis económica se adueñó del país y hubo varias insurrecciones, que fueron duramente reprimidas. En diciembre de 1858 estalló una nueva revuelta, encabezada por el General Fabre Geffrard, duque de Tabara, que tras varios choques con las fuerzas imperiales entró en al capital el 15 de enero de 1859. Los soldados del emperador Faustino se negaron a combatir y el monarca se refugió en el consulado francés. Poco después se le permitió abandonar el país con rumbo a Jamaica, a bordo del buque británico Melbourne, llevando consigo a la familia real y copiosas riquezas en dinero y piedras preciosas, mientras que sus demás bienes en Haití fueron confiscados por las nuevas autoridades. En marzo de 1867 se permitió su retorno al país y falleció en Petit Goave el 3 de agosto de 1873, a los noventa años de edad. Su hija, la Princesa Imperial Oliva, se casó con Amitié Lubin; y su hermano el príncipe Alejandro Juan José Soulouque dejó un hijo, el príncipe Manville Joseph (fallecido en 1875).

POSTDATA: El otro soberano haitiano

El nombre de Faustino I hizo que muchos años después de su muerte, en 1920, el soldado americano Faustin Wirkus fuese proclamado rey de la isla haitiana de La Gonave, en su honor, con el nombre de Faustino II. Pocos conocen la curiosa historia de este soldado, quien fue apodado “el rey blanco de Haití”. Nacido en Pittsburgh, Estado de Pensilvania, en 1897, era hijo de inmigrantes polacos y a la edad de diecisiete años se unió a los marines, participando en la intervención americana en Haití en 1915. Fue posteriormente sargento en Cuba, y en 1919 fue nuevamente destinado a Haití.

En 1925 fue nombrado comandante de la estación de la Isla de La Gonâve, la gran isla frente a la costa occidental de Haití, que tenía 12.000 habitantes, organizados en diez “sociedades congo”, cada una con su reina, y una reina suprema, la reina negra Ti Memenne. Cuando se supo que el nuevo comandante se llamaba Faustin, la hougan (hechicera) de la corte real de Ti Memenne declaró que Wirkus era la reencarnación del emperador haitiano Faustin I, el esclavo negro que en 1848 había sido coronado emperador de la isla. Ti Memenne proclamó a Wirkus rey de La Gonâve y le entregó las banderas que simbolizaban su autoridad. El gobierno de Puerto Príncipe, sin embargo, consideró que era inadmisible la idea de un rey blanco en el territorio haitiano y en 1929 obligó a Faustin II a abandonar su reino para siempre.

©Darío Silva D'Andrea



Última edición por Dariusssssss el 31/3/2011, 00:29, editado 1 vez
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queenalix
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MensajeTema: Re: "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití   30/3/2011, 23:45

Es la mejor historia del foro Exclamation Exclamation Exclamation

Este Henri parece haber sido una mala persona pero tal vez Haití hubiera tenido un mejor destino de haberse afianzado una monarquía constitucional
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Madame de Sauvaget
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MensajeTema: Re: "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití   31/3/2011, 13:26

"Padece, espera y trabaja para gentes que nunca conocerá y que a su vez padecerán, esperarán y trabajarán para otros, que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo".

Extraído de El reino de este mundo, de Alejo Carpentier, novela que trata este tema de Henri Christophe.
La recomiendo ampliamente.
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Madame de Sauvaget
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MensajeTema: Re: "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití   31/3/2011, 13:40

Tengo el recuerdo de mis épocas de estudiante de haber leído que Henri I esclavizó a negros para sus construcciones majestuosas.Incluso que entre los ladrillos,hay osamentas de esclavos que morían en los basamentos,para que él ascendiera.

Siempre me impresionó mucho esta historia de quien luego de libertar a sus congéneres,los esclavizó para sus conveniencias.
Cuánto enseña la historia y cuán ciego vive el ser humano que no aprende.
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Dariusssssss
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MensajeTema: Re: "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití   3/4/2011, 17:26

¡Es increíble lo que cuenta Madame.. las cosas que uno se entera... luego veo si puedo encontrar algo de información sobre ese temita!
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Infanta Margarita Teresa
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MensajeTema: Re: "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití   15/4/2011, 22:51

Estamos trabajando en la Cátedra de Historia Americana II esta cuestión, así que entre hoy y el lunes voy a tener mucha bibliografía sobre esto, lo que hoy hablamos de Christope es poco, pero definitivamente nada bueno. Disiento con Queenalix la verdad es que en las circunstancias en que se dieron las cosas, con el pasar del tiempo esto solo sumiría a Haití en el caos... no es que ahora no lo esté, pero es por razones diferentes.
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MensajeTema: Re: "El Rey Negro": De esclavo a Emperadorde Haití   Hoy a las 09:33

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