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 El Agamemnon

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queenalix
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MensajeTema: El Agamemnon   19/7/2012, 19:17

me entusiasmé tanto con el baner que se me ocurrió abrir este tema...

no tengo nada pero por lo pronto pongo un video de Storicus

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cheque
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 19:21

por nosotros no te preocupes... abrite un hilito de cualquier cosa
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paco.adra
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 20:11

El Agamemnon, propiedad del armador Eugenides


Última edición por paco.adra el 20/7/2012, 04:52, editado 1 vez
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kaiserina
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 23:22

Un poquito de historia sobre este crucero:


El armador griego Eugenios Eugenidis, propietario de la naviera Scandinavian Near East Agency, había decidido establecer una conexión con Norteamérica y una línea regular con Sudamérica, en los primeros meses de 1953. Para ello adquirió nuevos barcos, uno de los cuales quiso que llevara el nombre de la reina Federica, a quien conocía bien por haberla tratado durante su exilio en Sudáfrica, tras la invasión de Grecia por las tropas de Mussolini y los posteriores bombardeos sobre la ciudad de Atenas, en abril de 1941. El naviero era un hombre que sobrepasaba la frontera de los sesenta y que se había encariñado con su hijo Constantino, a quien todos llamaban Tino, en los largos días de su confinamiento en una elegante urbanización de Ciudad del Cabo. Eugenidis le traía a menudo juguetes, pero sobre todo le explicaba historias de sus múltiples viajes por el mundo, que el pequeño escuchaba embobado. Para Tino, la visita del armador era una fiesta: la relación llegó a resultar tan estrecha que, antes de regresar a Grecia coincidiendo con el final de la guerra, le pidió a la reina, como recuerdo de tantas tardes compartidas, un par de zapatitos del príncipe, que Federica cedió gustosamente.

Años después, Eugenidis visitó a la soberana en su residencia real de Tatoi para ofrecerle la posibilidad de que fuera la madrina del que iba a ser su navío más imponente, que se estaba construyendo en unos astilleros cercanos a la ciudad de Atenas. Federica aceptó gustosa y aprovechó la complicidad que tenía con el armador para plantearle a cambio un regalo un tanto especial: «Ya sé que en estos casos es costumbre regalar un broche de brillantes en señal de agradecimiento, pero yo preferiría como obsequio que organizara un crucero, al que me gustaría invitar a todas las familias reales de Europa».

El empresario se sorprendió ante la ocurrencia, si bien pensó que el viaje podía convertirse en la mejor publicidad para la monarquía, para Grecia y también para su compañía. Así que se pasó la mano por la sien, se quedó mirando fijamente a Federica y le respondió: «Si eso es lo que Su Majestad desea, nada me satisfará más que complacerla». La reina le pidió unos días de discreción, pues deseaba la aprobación de su esposo, el rey Pablo y, como no podía ser menos, del primer ministro Aléxandros Papagos. El jefe del Ejecutivo era un monárquico convencido que no iba a poner ningún reparo, pero había que guardar las formas. Papagos resultaba un político venerado en el país, pues se le consideraba un héroe de guerra ya que fue hecho prisionero y tomado como rehén por los alemanes. A menudo, la prensa le comparaba con el general De Gaulle. En 1952, tras formar un partido al que llamó Unión Helénica, ganó ampliamente las elecciones. El armador prometió no comentar su proposición con nadie hasta que tuviera el visto bueno de las autoridades. Antes de marcharse, Eugenidis le comentó que aquellos zapatitos de Tino, que se había llevado de recuerdo cuando regresó de Sudáfrica, estaban colgados en la cabecera de su cama, a modo de amuleto real, y que lehabían traído suerte. La reina sonrió ante la confidencia, aunque le pareció un tanto inquietante irse a dormir cada día con las botitas de un niño sobre la cabeza, como si se tratara de un exvoto de iglesia.

La soberana convenció al rey Pablo sin demasiados problemas, con el argumento de que solo un gran acontecimiento como ese crucero permitiría que el mundo volviera a pensar en Grecia como destino turístico. El país había quedado muy castigado tras la guerra, así que las comunicaciones resultaban bastante deficientes, pero en cambio el paisaje era excepcional y la historia del país podía considerarse única. Si se invitaba a la prensa internacional, seguro que responderían, pues el mundo quería olvidar miserias pasadas, la economía empezaba a remontar y las historias de príncipes y princesas eran devoradas con avidez en diarios y revistas. Federica recordaba que, un año antes, la reina Isabel II de Inglaterra había sido entronizada —los gastos gubernamentales costaron cuatro millones y medio de dólares, veinticinco veces más que lo que había gastado el erario público de Estados Unidos para la investidura del presidente Eisenhower aquel mismo año—, y la boda tuvo un tratamiento excepcional en los medios de comunicación, que no hicieron una sola recriminación al fenomenal dispendio. El primer ministro Papagos aún fue más fácil de convencer, ya que entendió de inmediato la publicidad para Grecia que iba a representar aquel crucero por las islas. Federica escribió en sus memorias: «En aquel tiempo todavía era yo muy popular entre la prensa mundial y podía realizar sin críticas lo que en otro momento podría haber sido objeto de polémicas».

Una nueva generación de reyes

La reina estaba preocupada por el hecho de que la nueva generación de herederos no se conocían, debido a que la guerra, y las estrecheces de la posguerra, habían imposibilitado que se relacionaran entre sí, a pesar de que la mayoría estaban emparentados. Muchos de aquellos jóvenes estaban llamados a influir en la nueva Europa que se estaba construyendo, y los reyes de Grecia, que contaban con el respaldo popular, podían servir de referencia para la nueva hornada de herederos al trono. La nueva generación de príncipes y princesas, unos de casas reales reinantes y otros de realeza en el exilio, iba a tener la oportunidad de conocerse, y quizás incluso de empezar una relación con perspectivas de boda, gracias a aquella iniciativa. Entre las obligaciones de las gentes de su condición figuraba la de casarse entre ellos para mantener la tradición de la realeza.

Los hijos de Pablo y Federica no estaban en edad de matrimoniar, lo que facilitaba que los reyes de Grecia pudieran ser los organizadores de tan singular crucero de diez días por las islas del Egeo, ya que nadie podía ver en ello un interés personal. En total, los viajeros del navío elegido por Eugenidis, al que había bautizado como Agamenón, igual que el más ilustre de los héroes griegos, eran ciento diez, de veinte nacionalidades, quehablaban quince idiomas distintos. El barco, de 5.500 toneladas, era de novísima construcción y cubría habitualmente la ruta regular entre Marsella y Oriente Próximo. Para esta ocasión, partiría de Nápoles durante el mes de agosto de 1954 e iría atracando en distintos puertos a fin de que los pasajeros pudieran hacer sus excursiones en tierra, mientras que por las noches habría siempre baile con orquesta, lo que permitiría que los contactos pudieran ser más fluidos y naturales. Solo los Saboya embarcaron más tarde, en Corfú, por no poder hacerlo en Italia. La prohibición de pisar el país a los miembros de su antigua Casa Real dictada tras la guerra por las autoridades italianas les evitó las angustias y mareos que padeció la mayoría de testas coronadas a causa del oleaje que les acompañó desde la partida de Nápoles hasta que alcanzaron el estrecho de Mesina. A partir de ahí, el tiempo y el estado de la mar mejoraron notablemente.

El crucero, vigilado de cerca por el destructor Navarrinon de la flota helénica, se caracterizó por la ausencia del protocolo, por la proscripción de la política y por la prohibición expresa de esmóquines y vestidos largos. Tampoco se dejó subir a bordo a ningún periodista, para no condicionar las casi dos semanas de navegación. Como curiosidad, a la hora de comer y cenar las parejas se elegían mediante un sorteo guiado, para que las mesas se formaran de manera totalmente aleatoria. No obstante, los más jóvenes se saltaron las reglas del juego porque compraban y vendían el puesto de sus parejas en función de sus gustos y afinidades. En sus memorias, la reina Federica cuenta que el único problema que hubo durante aquellos días en alta mar fue la imposibilidad de determinar la precedencia cuando había que cruzar una puerta, a causa de que a bordo iban la reina Juliana de Holanda, la reina Helena de Rumanía, la reina María José de Italia y la gran duquesa de Luxemburgo Josefina Carlota.

Juan Carlos y Sofía

Entre los herederos presentes figuraban Sofía y Juan Carlos, que tenían la misma edad, dieciséis años. De hecho, habían pasado las normas de selección del encuentro, pues la edad mínima para subir a bordo del Agamenón eran los catorce años, que Constantino alcanzaba por los pelos, ya que los acababa de cumplir en junio, pero no su hermana Irene, que solo tenía doce. Sin embargo, fue admitida sin problemas porque los organizadores no estaban obligados a someterse a los mismos criterios que sus invitados. Sobre todo cuando eran, asimismo, los patrocinadores del evento. Por cierto, que el naviero Eugenidis cedió el barco para la ocasión y costeó la tripulación, pero además aportó 10.000 libras esterlinas para gastos, que en aquellos días resultaba una cantidad más que respetable.

Sofía era hija de un rey que a los seis meses de volver del exilio accedió al trono, al morir Jorge II de una trombosis coronaria. Sentía debilidad por su progenitor, al que se parecíamucho en su carácter. Era una muchacha seria, disciplinada, tenaz. Discretamente extrovertida a causa de su timidez, pero muy agradable en el trato. Hablaba griego e inglés. Le gustaba leer, escuchar música, bailar. Cuando subió al Agamenón llevaba tres años en una prestigiosa escuela de élite de Salem, que había sido fundada por un pedagogo judío-germano llamado Kurt Hahn, que llegó a ejercer de diplomático. Su madre quería que aprendiera el alemán (la reina era natural de Hannover), al tiempo que pretendía que tuviera una educación más europea y que ganara en independencia, severidad y autonomía. Y, además, que superara su timidez. La elección del centro venía condicionada por el hecho de que esta institución del estado de Baden-Würtemberg, junto al lago Constanza, la dirigía el príncipe Jorge Guillermo de Hannover, hermano de la reina Federica.
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kaiserina
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 23:24



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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 23:35

La familia real griega, a bordo del dragaminas Polemistis, llegó a Nápoles, que era el punto de reunión y de partida. Los únicos que no embarcaron en Nápoles, sino en alta mar, una vez traspasada la línea de aguas territoriales italianas, fueron los depuestos reyes de Italia Humberto II y María José, con sus hijos Víctor Manuel y María Pía: el gobierno de Alcide Gasperi les expulsó del país, al proclamarse la república en junio de 1946; y seguía en vigor para ellos la prohibición de pisar suelo italiano.

La reina Sofía recuerda el evento:

“Aunque en las normas de selección se había fijado una edad mínima de catorce años, Constantino e Irene fueron admitidos. Alguna ventaja debíamos tener los sponsors, ¿no?.
De España vinieron los Barcelona. Don Juan, doña maría de las Mercedes, la infanta Pilar y el príncipe Juan Carlos. Los otros hermanos, Margarita y Alfonso, no tenían la edad. Y también, me parece, al estar ciega Margarita, se pensó que podía ser peligroso para ella andar por un barco, subiendo y bajando cada dos por tres.
Las listas, las invitaciones, el programa, todo, lo organizaron mis padres, muy en contacto con los condes de París, Enrique e Isabel. Estaba también en el ajo Miguel de Grecia, que es primo hermano de mi padre, pero de nuestra generación: de la edad de Tino. Miguel ha vivido muchísimo con nosotros, en casa, en Grecia. Bien. En el Agamemnon el plan era un poco como en familia: ropa informal, sin protocolos… Lo único que se recomendaba era no sentarse a la mesa ni bajar a tierra en shorts. Había baile todas las noches, y muchas diversiones de esas de jugar en grupo, en pandilla: las prendas, las adivinazas… Para evitar que se hicieran grupitos cerrados, o capillitas de rancho aparte, se ideó un modo de mezclarnos a todos: antes del desayuno, de la comida, y de la cena, ponían cubiletes llenos de papelitos. Ellos por un lado, y ellas por otro, todos teníamos que sacar un papelito con un número, y buscar a la pareja que tuviera el número igual. Podía resultar que a la reina Juliana de Holanda le tocase de vecino de mesa un chico de quince años. Bueno… algunos jóvenes hacían cambalachas, bajo cuerda, y cambiaban sus números con otros, para caer al lado de quien les gustaba más. Pero eso, tres veces al día, durante los diez del crucero, hizo posible que todos conectásemos con todos. Sin ir más lejos, Juan Carlos, un quinceañero, se hizo íntimo amigo de mi tío abuelo Jorge, uncle Jacob, que entonces tenía ochenta y cinco. Sí, era una relación extraña, pero hicieron migas. Tío Jorge era gobernador de Creta, y llevaba unos bigotes blanquísimos, de guías muy finas y largas, engominadas hacia arriba. Parecía una figura del siglo pasado.

Entre tantos invitados yo ya me había fijado en el príncipe Juan Carlos. Era simpatiquísimo, muy divertido, muy bromista. Un gamberro. Ésa es la impresión que me hizo, porque fue entonces cuando le conocí. Me molestaba, me enfadaba, que a él, con sólo unos meses más que yo, sus padres le dejasen quedarse hasta las tantas, bailando y juergueando; y a mí, en cambio, los míos a las doce me mandara a la cama. El chico de los Barcelona me pareció muy revolucionario, muy gracioso, muy gamberro. Teníamos los dos dieciséis años; pero diferentes núcleos de relación. Me di cuenta en ese viaje. Él alternaba más con las familias francesas e italianas; y yo iba más con los alemanes y los ingleses. Pero, personalmente, entre Juan Carlos y yo no hubo nada de nada. No me sacó a bailar ni siquiera una vez. Aunque creo que él se lo pasó… en grande. Y yo también.
Realmente, el Agamemnon era un hotel flotante que nos iba trasladando a diferentes lugares. Hicimos un recorrido por el Peloponeso. Fuimos a ver el monte Olimpo. A Creta, Rodas, Corfú, Tesalónica, Bolos, Mikenas, Knosos… En el teatro de Epidauro asistimos a una representación del Hipólito de Euripídes. El barco navegaba de noche, mientras dormíamos. Nuestra casa era el mar. De día hacíamos turismo (mi padre era el cicerone, y en varios idiomas): visitábamos lugares de interés artístico o histórico. Después, nos bañábamos. Yo llevaba un cuadernito de autógrafos, y a todos los invitados iba pidiéndoles su firma. ¡Cosas de cría! Todavía estaba interna en Salem”.




De izquierda a derecha: Víctor Manuel de Saboya, Juan Carlos de España, Federica de Grecia, Simeón de Bulgaria, Beatriz de Holanda, Constantino de Grecia.
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 23:38

El barco realizó un recorrido por el Peloponeso. Los 110 miembros de las familias reales europeas visitaron el monte Olimpo, hicieron escala en Creta, Rodas, Corfú, Thesalónica, Bolos, Mikenas, Knosos… Y se llamó, vaya si se llamó la atención del mundo. El objetivo de la reina Federica se cumplió. Y con creces. Poco después de aquel crucero, que también sirvió para unir por primera vez a todas las casas reales desde la primera Guerra Mundial, las compañías navieras empezaron a organizar otros con idéntico recorrido al que dejó la estela real. Para pudientes, sí, pero sin coronas. Los turistas empezaron a llegar al país, a dejar divisas y de a poco sacar a Grecia del letargo.



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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 23:39



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MensajeTema: Re: El Agamemnon   19/7/2012, 23:40



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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 02:56

hermoso...gracias x las fotos...

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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 05:00

Estupenda idea Queenalix y magnifico relato y fotos Kaiserina
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 12:12

Buenísima la idea!!! Dudo que pueda hacerse ahora algo similar porque los gobiernos gritarían por los gastos en seguridad!!!

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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 14:36

la reina Ana de Rumania en el Partenón (supongo), una de las excursiones que realizaron los invitados al crucero...



la imagen esta posteada en TRF
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queenalix
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 14:43

A ver si podemos hacer la lista de quienes participaron en el crucero
ustedes tiren que yo lo voy poniendo acá

Rey Pablo de Grecia
Reina Federica de Grecia
Princesa Sofía
Princesa Irene
Príncipe heredero Constantino de Grecia
Don Juan, conde de Barcelona
doña María condesa de Barcelona
Dn Juan Carlos, príncipe de Asturias
Infanta Pilar
rey Miguel de Rumania
reina Ana de Rumania
reina Helena de Rumanía
reina Juliana de los Paises Bajos
príncipe consorte Bernardo
princesa heredera Beatriz de los Países bajos
princesa Irene de los Países Bajos
reina María José de Italia
rey Humberto II de Italia
príncipe Víctor Manuel
princesa María Pía
gran duquesa de Luxemburgo Josefina Carlota.
gran duque Juan de Luxemburgo (supongo)
Enrique de Orleans
Isabel de Orleans
Miguel de Grecia
Astrid de Noruega (supongo que será la hija de Olaf, ¿Olaf fue??? se había muerto la esposa hacía poco)
Margarita de Suecia (¿la hermana del actual rey o esta http://es.wikipedia.org/wiki/Margarita_de_Suecia ?)
Ernesto de Hannover
Jorge de Hannover
Christian de Hannover
Welf de Hannover
duque Christian Luis de Mecklemburg-Schwering
Reina madre Juana de Bulgaria (nacida princesa de Savoya)





Última edición por queenalix el 20/7/2012, 19:03, editado 6 veces
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 14:47

En esa época Juan Carlos era conocido como príncipe de Asturias... Wink
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queenalix
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 14:48

hervil escribió:
En esa época Juan Carlos era conocido como príncipe de Asturias... Wink

Gracias

ya lo edité
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Dariusssssss
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 15:58

Les copio un relato que armé sobre la odisea del «Agamemnon IV». Creo que repito el relato de doña Sofía, pero no dispongo de mucho tiempo para editarlo:


Cuando vivíamos en Sudáfrica también estaba refugiado allí un armador griego apellidado Eugénides...”, escribió en sus memorias Federica, reina de Grecia... “En 1954, Eugénides me pidió que visitara uno de sus trasatlánticos y darle mi nombre. Cuando se accede a esto es costumbre regalar a la madrina un gran broche de brillantes. Pero en aquella ocasión tuve una idea y le pregunté si en vez del regalo tradicional, me proporcionaría los medios necesarios para organizar un crucero al que invitaría a todas las familias reales de Europa. Le pareció muy bien. Había varias razones para organizar ese crucero. En primer lugar, Palo y yo deseábamos abrir las puertas de Grecia al turismo... Otra razón es que, desde la Primera Guerra Mundial, las Familias Reales no habían vuelto a reunirse...”.

Corría el año 1953. La diminuta esposa del Rey de Grecia había observado atentamente, con cierto aire de soledad y nostalgia, el atardecer ateniense, desde lo alto del monte donde se encuentra la pequeña y humilde casa de Tatoi, sobre las costas de la Hélade que se entremezclan con un paisaje majestuoso de aguas cristalinas y azules infinitos.

Todo el entorno, el cielo, la brisa, el ruido de las olas, ofrece una paz que hace imposible creer que sobre su escarpado y polvoriento suelo, cuna de la sabiduría, de Helena de Troya, de los dioses del Olimpo y las batallas más grandiosas, también se gestó en el último siglo una especie de maldición sobre una familia, extranjera, que pretendió gobernarla.

Luego de una reflexión junto al hogar de palacio, repleta de nostálgicos recuerdos, la Reina alemana de Grecia, Federica, recuerda los relatos de sus padres y abuelos sobre aquella gran celebración de 1913, cuarenta años atrás, en la Alemania Imperial, en la antesala de la Primera Guerra Mundial, con motivo de la boda de sus padres, la princesa prusiana Victoria Luisa y el hannoveriano Ernesto Augusto de Cumberland, mitad inglés, mitad alemán, despojado de sus dominios. Desde aquel año, los regentes europeos habían tenido poquísimas ocasiones de reunirse como la familia que son, sin condecoraciones, sin guardia, sin formalismos de Estado…

Ese año, 1953, el anciano Ernesto Augusto, el “rey sin corona”, como lo llamaban los sajones del Sur, había cerrado los ojos para siempre. Su muerte fue un tremendo golpe para Federica de Grecia, pero recordó que no fue el único miembro de su familia que se había alejado de ella.

De pronto, una ardiente nostalgia por sus parientes gobernó los sentimientos de la Reina de los Helenos. Recordó que de los hermanos de su madre sólo vivía Oscar, muy lejos, en la ciudad alemana de Westerbrak y execrado por la familia a causa de su esposa plebeya.

El fatídico tío Federico había muerto en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial; Adalberto en 1948, Guillermo Augusto murió en un campo de concentración luego de ser juzgado, en 1949, y el despreciado príncipe heredero prusiano, Guillermo, en 1951. Todos ellos, como hermanos de Victoria Luisa, eran hijos del último emperador de Alemania, Guillermo II, y por lo tanto tíos carnales de Federica de Grecia.

Recordó también a sus familiares de Hannover, que la llamaban “Richken” y vivían en fríos castillos medievales en Alemania. Y a todos los demás parientes ingleses, españoles, franceses, italianos, holandeses, daneses, a quienes no veía más o menos desde que la invitaron a un casamiento en Londres.

A muchos de ellos la reina Federica sólo llegó a conocer superficialmente; a otros ni siquiera los había visto en décadas, y sin embargo, todos pertenecían a una gran familia.

Casi siempre en un funeral o un casamiento, se estrechaban las manos y hablaban del clima, para luego regresar cada uno a su reino, hasta la siguiente vez que el protocolo real les permitiera reencontrarse en alguna boda o algún funeral en un reino distinto. “Eso no sirve de nada”, pensó Federica. “Tíos y tías, primos y primas, sobrinos y sobrinas deben conocerse alguna vez como tales personas, sin jubileos, banquetes ni ropas de gala”.

Se le ocurrió una brillante idea, que se llevó exitosamente a cabo el 22 de agosto de 1954, en el muelle de Nápoles, Italia. El lujoso vapor con nombre de un monarca griego de la antigüedad, Agamemnon IV, prestado a sus majestades por un rico naviero ateniense, se convertiría por algunos días en un palacio flotante que albergaría a una ilustre tripulación de reyes, reinas, príncipes y princesas de toda Europa, o, en palabras de Federica, primos, primas, tíos y tías.

La reina Sofía de España, que por ese entonces tenía 16 años, relata el evento de esta manera: “De España vinieron los Barcelona: don Juan, doña María de las Mercedes, la infanta Pilar y el príncipe Juan Carlos. Los otros hermanos, Margarita y Alfonso, no tenían la edad. Y también me parece, al estar ciega Margarita, se pensó que podía ser peligroso para ella andar por un barco, subiendo y bajando cada dos por tres. Las listas, las invitaciones, el programa, todo, lo organizaron mis padres, muy en contacto con los condes de París, Enrique e Isabel. Estaba también en el ajo Miguel de Grecia, que es primo hermano de mi padre, pero de nuestra generación: de la edad de Tinos. Este Miguel es hijo de un tío del rey Pablo, Cristóbal, casado en segundas nupcias con la princesa Françoise de Orleáns, hermana del conde de París. Miguel ha vivido muchísimo con nosotros, en casa, en Grecia. En el Agamemnon el plan era un poco en familia: ropa informal, sin protocolos... Lo único que se recomendaba era no sentarse a la mesa ni bajar a tierra en shorts. Había baile todas las noches, y muchas diversiones de esas de jugar en grupo, en pandilla: las prendas, las adivinanzas...

Para evitar que se hicieran grupitos cerrados, o capillitas de rancho aparte, se ideó un modo de mezclarnos a todos: antes del desayuno, de la comida, y de la cena, ponían dos cubiletes llenos de papelitos. Ellos por un lado, y ellas por otro, todos teníamos que sacar un papelito con un número, y buscar a la pareja que tuviera el número igual. Podía resultar que a la reina Juliana de Holanda le tocase de vecino de mesa a un chico de quince años. Bueno... algunos jóvenes hacían cambalaches, bajo cuerda, y cambiaban sus números con otros, para caer al lado de quien les gustaba más. Pero eso tres veces al día, durante los diez del crucero, hizo posible que todos conectásemos con todos. Sin ir más lejos, Juan Carlos, un quinceañero, se hizo íntimo de mi tío abuelo Jorge, uncle Jacob, que entonces tenía ochenta y cinco. Sí era una relación extraña, pero hicieron migas. Tío Jorge era gobernador de Creta, y llevaba unos bigotes blanquísimos, de guías muy finas y largas, engominadas hacia arriba. Parecía una figura del siglo pasado...

Durante aquel crucero yo ya me fijé en el príncipe Juan Carlos. Era simpatiquísimo, muy divertido. Muy bromista. Un gamberro. Ésa es la impresión que me hizo, porque fue entonces cuando lo conocí. Me molestaba, me enfadaba que a él, con sólo unos meses más que yo, sus padres le dejasen quedarse hasta las tantas, bailando y juergueando; y a mí, en cambio, los míos a las doce me mandaran a la cama. El chico de los Barcelona me pareció muy revolucionario, muy gracioso, muy gamberro. Teníamos los dos dieciséis años; pero diferentes núcleos de relación. Me di cuenta en ese viaje. Él alternaba más con las familias francesas e italianas; y yo iba más con los alemanes y los ingleses. Pero, personalmente, entre Juan Carlos y yo no hubo nada de nada. No me sacó a bailar ni siquiera una vez. Aunque creo que él se lo pasó... en grande. Y yo también...

“...Realmente el Agamemnon era un hotel flotante que nos iba trasladando a diferentes lugares. Hicimos un recorrido por el Peloponeso. Fuimos a ver el monte Olimpo. A Creta, Rodas, Corfú, Tesalónica, Bolos, Mikonos, Knosos... En el teatro de Epidauro asistimos a una representación del Hipólito de Eurípides. El barco navegaba de noche, mientras dormíamos. Nuestra casa era el mar. De día, hacíamos turismo (mi padre era el cicerone, y en varios idiomas): visitábamos lugares de interés artístico o histórico. Después, nos bañábamos. Yo llevaba un cuadernito de autógrafos, y a todos los invitados iba pidiéndoles su firma. ¡Cosas de cría!”.

Descendientes de Carlomagno, Catalina la Grande, de Isabel de Hungría, de Ricardo Corazón de León, del káiser Guillermo II de Alemania y de la reina-emperatriz Victoria I del Reino Unido… Nombres famosos no faltaron a la cita. Estaban a bordo aquel día, entre muchos otros, la reina Juliana de Holanda y su jovial e infiel esposo Bernardo; las sonrientes princesas holandesas; la simpática gran duquesa Carlota de Luxemburgo y su taciturno consorte; el conde de Barcelona, quien jugaba discretamente a ser el rey que no era; las bonitas princesas Astrid de Noruega y Margarita de Suecia; los príncipes de Hannover; el rey y la reina madre de Bulgaria que habían tenido que huir de su país luego de que los soviéticos ejecutaran a un familiar suyo; el ex rey Miguel de Rumania, obligado en 1947, a punta de pistola, a dejar el reino; el desconocido duque Christian Luis de Mecklemburg-Schwering, los prolíficos condes de París y seis de sus once hijos

Cuando el vapor de lujo ya había salido de las aguas territoriales italianas, subieron a bordo el ex rey Humberto de Italia y su esposa María-José, una reina triste y sin rumbo, convencida de vivir en la época y el lugar equivocados. A esta familia desterrada, el destino le había reservado la amarga tragedia que significa la prohibición de poner un solo pie en suelo italiano.

Olympia, Creta, Rodas y Corfú se encontraban entre las paradas más importantes de aquel crucero de doce días por el Peloponeso y el archipiélago griego. Dispuestos a cumplir con el deseo de la Reina Federica, en que cada royal dejaría a un lado las capas de armiño y se comportaría como en familia, lo que verdaderamente eran, en los desembarcos y paseos turísticos los huéspedes de los soberanos griegos aparecían con las camisas abiertas, gorras, pantalones coloridos, etc. Como si estuvieran en casa.

A menudo la jovial reina Federica se sentaba con sus hermanos –Ernesto, Jorge, Christian y Welf— hasta muy avanzada la noche en la entoldada cubierta del yate para hablar, recordar su lejana infancia y contarse las novedades. Hablaban de la Alemania de la guerra que Federica, como princesa griega situada en campo enemigo, no llegó a vivir; de la inquietud de los padres por su hija, de la grave herida que Ernesto Augusto recibió estando en el frente; de los estudios de Derecho de Welf Heinrich... Se bailó, se rió y se pasó bien, todos se hicieron montones de fotos y se adquirió un saludable bronceado en la piel, se refrescaron viejas amistades, se curaron viejas heridas.

Nos sentimos como una familia grande y dichosa –dijo el rey Pablo I a los periodistas–. Cada miembro de nuestra compañía está emparentado con mi esposa o conmigo”. ¡Una familia de noventa personas!, exclamaban los griegos, sin suponer que aún faltaban muchísimos familiares más que, por problemas políticos, en atención a su avanzada edad u otras preocupaciones, no pudieron asistir. Para reunir a todos los “familiares” hubieran sido necesarios tres grandes barcos como el Agamemnon.

Cada comida era para los huéspedes una aventura culinaria. Pablo y Federica hicieron servir sólo especialidades griegas, y al final del viaje la Reina Juliana de Holanda había escrito todo un enorme cuaderno con recetas de cocina, haciéndose dar instrucciones precisas por la cocinera de los Reyes griegos. Entre almuerzos informales, paseos, reuniones, bailes, juegos, cada miembro de esta gran familia tuvo oportunidad de conocer a los demás como primos que eran.

Tenían muchas cosas que contarse. Nombres o destinos de parientes que ya estaban casi olvidados o que aún eran poco conocidos eran buenos temas para comenzar una amena charla. La guerra había desgarrado muchas relaciones, había hundido a muchas personas en la oscuridad.

Se hablaba, por ejemplo, de cierta princesa griega, la desdichada Olga, quien siendo “la princesa más hermosa de su tiempo” se había casado con el desafortunado regente de Yugoslavia, con el cual compartió valerosamente la vergüenza de ver como Inglaterra y el resto del mundo occidental le echaban en cara su traidora colaboración con los alemanes, lo cual no fue cierto.

Se hablaba también de la bella duquesa viuda de Kent, nacida princesa Marina de Grecia, que en 1942 había perdido a su esposo en un accidente de aviación y que desde entonces, como viuda sin dinero en la Corte inglesa, se veía sometida a toda clase de humillaciones y animosidades. Su hija, Alejandra de Kent, lloró durante horas enteras cuando el palacio de Buckingham le comunicó la prohibición de asistir al crucero...

Se seguía hablando también de la tormentosa boda del ex rey Pedro II de Yugoslavia con la princesa Alejandra de Grecia, sobrina del rey Pablo. Pedro y Alejandra se habían enamorado durante su exilio en Londres, en plena Segunda Guerra Mundial...

Cuando tocó a su fin aquel idílico crucero por las bellas costas griegas, cada rey, cada príncipe o princesa, volvió a su hogar con la sensación de contar con una familia grande y afectuosa. Para la reina Federica de Grecia la misión había tenido un éxito rotundo. Su deseo de acercar más afectivamente a sus familiares dispersos por toda Europa había cumplido con creces las expectativas de su corazón.

La idea de promocionar Grecia a través del crucero real Agamemnon, y con las facilidades del gobierno del mariscal Aleksandros Papagos, obtuvo unos interesantes réditos. Tanto que, dos años después del primer crucero, realizado en 1954, los reyes organizaron otro crucero. Esta vez sería a bordo del Aquiles. Pero el primer ministro británico, sir Anthony Eden, ordenó por entonces el cierre del canal de Suez.

No hicimos el crucero”, recuerda Sofía de España, “pero sí una reunión festiva, de recreo, para jóvenes de las familias reales. No recuerdo cuántos días duró. Fue en verano, y el Aquiles estuvo atracado todo ese tiempo en el muelle de Corfú. Allí mi familia tenía la casa antigua, la que hizo construir Jorge I, el fundador de la dinastía griega. En esa casa, Mon Repos, había nacido mi tío Felipe de Edimburgo. Juan Carlos no asistió. Los demás nos conocíamos del crucero anterior. Habían pasado dos años, y nos reencontrábamos como mayores. Ese mismo verano, y en aquella ocasión, fue mi puesta de largo, mi baile de debutante. ¡Uffffff! Yo no quería de ninguna manera. Mi madre se empeñó. Lo odié con toda mi alma. A mí me gustaba pasármelo bien, pero sin concentrar en mí todas las miradas. Lo de siempre: un trasfondo horrible de timidez. Porque yo era muy, muy, muy vergonzosa. El vestido era de mosquitera... tul. Era un vestido con mucho vuelo, con flores... Muy aparatoso. Hay fotos por ahí...”


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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 19:03

excelente, Dariusss

saqué muchos datos de allí para la lista de invitados...

Gracias
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 20:29

Gracias. Sobre la lista:

Se trata de la mismísima Astrid de Noruega, hija del rey Olav. Y se trata de Margarita, la hermana mayor del rey de Suecia. Porque la idea de Federica, más allá de todo, era "enganchar" solteros.

A quienes les pareció una pavada ir fue a Balduino y Alberto de Bélgica, por entonces solteros. Y además, la corte belga era un monasterio en esa época.

También mencionás a Jorge de Hannover. Su nombre completo es Jorge Guillermo (hermano de Federica) y fue con su esposa, la princesa Sofía de Grecia (hermana de Felipe de Edimburgo) y sus hijos.

Juan de Luxemburgo fue con su esposa, Josefina Carlota, y con su padre, el príncipe Félix.

Además asistieron: el príncipe Jorge de Grecia y su esposa, la princesa María Bonaparte; el príncipe Alexander de Yugoslavia, la princesa Elisabeth de Yugoslavia; las princesas Catalina de Grecia y su esposo Richard Brandam, la princesa Irene de Grecia (duquesa viuda de Aosta) y su hijo Amadeo de Saboya-Aosta; las princesas Teodora y Margarita de Grecia (hermanas de Felipe de Edimburgo) con sus familias; Simeón II deBulgaria y su hermana la princesa María Luisa; el príncipe Miguel de Grecia

Curiosidad: la consigna era que ningun royal llevara consigo asistentes o sirvientes. Al único que se le permitió llevar fue a Jorge de Grecia, que era muy anciano. 93 años.

Te cuento que eran 110 miembros de la realeza... Llegaremos a tener la lista completa??

Por último, les comparto una nota del año pasado, escrita en España pero publicada en CCRR:
Una reina fue la autora del primer rescate financiero de Grecia, hace 57 años


Última edición por Dariusssssss el 20/7/2012, 20:41, editado 4 veces
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   20/7/2012, 20:31

Extracto del libro "Un té en el Savoy", publicado el año pasado:



La reina estaba preocupada por el hecho de que la nueva generación de herederos no se conocían, debido a que la guerra, y las estrecheces de la posguerra, habían imposibilitado que se relacionaran entre sí, a pesar de que la mayoría estaban emparentados. Muchos de aquellos jóvenes estaban llamados a influir en la nueva Europa que se estaba construyendo, y los reyes de Grecia, que contaban con el respaldo popular, podían servir de referencia para la nueva hornada de herederos al trono.

La nueva generación de príncipes y princesas, unos de casas reales reinantes y otros de realeza en el exilio, iba a tener la oportunidad de conocerse, y quizás incluso de empezar una relación con perspectivas de boda, gracias a aquella iniciativa. Entre las obligaciones de las gentes de su condición figuraba la de casarse entre ellos para mantener la tradición de la realeza.

Los hijos de Pablo y Federica no estaban en edad de matrimoniar, lo que facilitaba que los reyes de Grecia pudieran ser los organizadores de tan singular crucero de diez días por las islas del Egeo, ya que nadie podía ver en ello un interés personal. En total, los viajeros del navío elegido por Eugenidis, al que había bautizado como Agamenón, igual que el más ilustre de los héroes griegos, eran ciento diez, de veinte nacionalidades, quehablaban quince idiomas distintos.

El barco, de 5.500 toneladas, era de novísima construcción y cubría habitualmente la ruta regular entre Marsella y Oriente Próximo. Para esta ocasión, partiría de Nápoles durante el mes de agosto de 1954 e iría atracando en distintos puertos a fin de que los pasajeros pudieran hacer sus excursiones en tierra, mientras que por las noches habría siempre baile con orquesta, lo que permitiría que los contactos pudieran ser más fluidos y naturales. Solo los Saboya embarcaron más tarde, en Corfú, por no poder hacerlo en Italia.

La prohibición de pisar el país a los miembros de su antigua Casa Real dictada tras la guerra por las autoridades italianas les evitó las angustias y mareos que padeció la mayoría de testas coronadas a causa del oleaje que les acompañó desde la partida de Nápoles hasta que alcanzaron el estrecho de Mesina. A partir de ahí, el tiempo y el estado de la mar mejoraron notablemente.

El crucero, vigilado de cerca por el destructor Navarrinon de la flota helénica, se caracterizó por la ausencia del protocolo, por la proscripción de la política y por la prohibición expresa de esmóquines y vestidos largos. Tampoco se dejó subir a bordo a ningún periodista, para no condicionar las casi dos semanas de navegación. Como curiosidad, a la hora de comer y cenar las parejas se elegían mediante un sorteo guiado, para que las mesas se formaran de manera totalmente aleatoria.

No obstante, los más jóvenes se saltaron las reglas del juego porque compraban y vendían el puesto de sus parejas en función de sus gustos y afinidades. En sus memorias, la reina Federica cuenta que el único problema que hubo durante aquellos días en alta mar fue la imposibilidad de determinar la precedencia cuando había que cruzar una puerta, a causa de que a bordo iban la reina Juliana de Holanda, la reina Helena de Rumanía, la reina María José de Italia y la gran duquesa de Luxemburgo Josefina Carlota.
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   21/7/2012, 01:58

Acá les dejo la foto del banner, con el listado (son 85), habrá que ver quienes faltan para llegat a los 110.



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MensajeTema: Re: El Agamemnon   21/7/2012, 20:35

Quedé con la boca así ----> affraid

Nosotros retorciéndonos de dolor tratando de saber quiénes fueron, y Kaiserina los tenía a toditos, jeje
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MensajeTema: Re: El Agamemnon   22/7/2012, 01:41

esta Kaiserina siempre al acecho...

en la foto no está Juanito así que ya tenemos 86

y Juana de Savoya tampoco...y según la nota de Dariusss, estaba...

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MensajeTema: Re: El Agamemnon   5/3/2013, 23:25


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MensajeTema: Re: El Agamemnon   6/3/2013, 01:34

Kaiserina:
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